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Participantes de la naturaleza divina, 4 de febrero

Participantes de la naturaleza divina, 4 de febrero
Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4{RP 45.1}
Un cristiano fuerte es quien tiene a Cristo formado dentro, la esperanza de gloria. Ama la verdad, la pureza y la santidad. Gracias a su amor a la Palabra de Dios, su vitalidad espiritual lo lleva a buscar la comunión con los que viven en armonía con ella, a fin de poder captar cada rayo de luz que Dios comunica para revelar a Jesús, con el propósito de hacerlo más precioso para el creyente. El que tiene una fe sólida halla que Cristo es la vida del alma, y que para él es como una fuente que brota para vida eterna. Así, con placer, somete todo poder personal a la obediencia a Dios. El Espíritu, con su influencia vivificante, guardará a ese creyente en el amor de Dios. {RP 45.2}
A los cristianos se les escribe: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2 Pedro 1:2-11.—The Review and Herald, 11 de diciembre de 1894{RP 45.3}

La palabra de Dios es la suprema autoridad, 4 de febrero

La palabra de Dios es la suprema autoridad, 4 de febrero
Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 1 Samuel 15:22{SSJ 41.1}
La palabra del Señor debe obedecerse sin discusión; debe ser la autoridad suprema en nuestra vida. Saúl se apartó del mandamiento expreso del Señor, y trató de acallar los remordimientos de la conciencia convenciéndose a sí mismo de que el Señor aceptaría su sacrificio y pasaría por alto su desobediencia. Cuando el profeta Samuel vino para encontrarlo, Saúl actuó como si se considerara un hombre recto, y exclamó: “Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová”. 1 Samuel 15:13{SSJ 41.2}
Pero las muestras inconfundibles de su desobediencia eran tan palpables, que su afirmación de obediencia tenía poco peso. “Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos”. 1 Samuel 15:14, 15. “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”. 1 Samuel 15:22, 23... {SSJ 41.3}
La palabra de Dios debe ser de autoridad suprema. Dice el Señor: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios”. Salmos 89:34. Dios no podría cambiar un ápice de su ley sin dejar de ser supremo. La gente no puede torcer la ley de Dios para adaptarla a sus ideas, y, fallando en comprometerse en estar en armonía con ella, traspasan sus mandamientos y violan sus preceptos. Demasiado tarde va a aprender el mundo que no puede juzgar la palabra de Dios, sino que la palabra de Dios lo juzgará. ¡Ojalá que cada uno considere cuán necio y malvado es contender con Dios! ¡Ojalá que dejen de oponer su voluntad contra la voluntad del Infinito! Además, los que se oponen a Dios aprenderán que, al hacerlo así, han abandonado la única senda que conduce a la santidad, la felicidad y el cielo.—The Signs of the Times, 9 de enero de 1896{SSJ 41.4}