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Sabbath School


Perseguidos, pero no desamparados NOTAS DE ELENA PARA LA ESCUELA SABÁTICA https://ift.tt/agXiRdq El apóstol Pablo sentía una profunda responsabilidad por los que se convertían por sus labores. Por encima de todas las cosas, anhelaba que fueran fieles, “para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo —decía—, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano”. Filipenses 2:6. Temblaba por el resultado de su ministerio. Sentía que hasta su propia salvación podría estar en peligro si no cumpliera su deber y la iglesia no cooperase con él en la obra de salvar almas. Sabía que la sola predicación no bastaba para enseñar a los creyentes a proclamar la palabra de vida. Sabía que línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allí, debían ser enseñados a progresar en la obra de Cristo. Es un principio universal que cuando quiera que uno se niegue a usar las facultades que Dios le da, estas decaen y mueren. La verdad que no se vive, que no se imparte, pierde su poder vivificante, su virtud sanadora. De aquí el temor del apóstol Pablo de que no presentase a todo hombre perfecto en Cristo. La esperanza de Pablo de entrar en el cielo se obscurecía cuando contemplaba cualquier fracaso suyo que diera a la iglesia el molde humano en lugar del divino. Su conocimiento, su elocuencia, sus milagros, su visión de las escenas eternas obtenidas en el tercer cielo, todo sería inútil si por la infidelidad en su obra aquellos por quienes trabajaba cayeran de la gracia de Dios. Y así, de viva voz y por carta, rogaba a aquellos que habían aceptado a Cristo que siguiesen una conducta que los habilitara para ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa… como luminares en el mundo; reteniendo la palabra de vida”. Filipenses 2:15, 16. Todo verdadero ministro siente una pesada responsabilidad por el progreso espiritual de los creyentes confiados a su cuidado, un anhelante deseo de que sean colaboradores de Dios. Comprende que del fiel cumplimiento del trabajo que Dios le da depende en gran medida el bienestar de la iglesia. Trata ardiente e incansablemente de inspirar en los creyentes el deseo de ganar almas para Cristo, recordando que todo el que se añade a la iglesia debería ser un agente más para el cumplimiento del plan de la redención (Los hechos de los apóstoles, pp. 168, 169).
Ver Fuente: https://sabbath-school.adventech.io/es/2026-01/01

Exaltad a Jesús


Ascendió a los cielos en forma humana, 28 de marzo Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Hechos 1:11. https://ift.tt/sConlUQ Mientras los discípulos estaban todavía mirando hacia arriba, se dirigieron a ellos unas voces que parecían como la música más melodiosa. Se dieron vuelta, y vieron a dos ángeles en forma de hombres que les hablaron diciendo: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús... así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Estos ángeles pertenecían al grupo que había estado esperando en una nube resplandeciente para escoltar a Jesús hasta su hogar celestial. Eran los más exaltados de la hueste angélica, los dos que habían estado con él durante toda su vida en la tierra. Todo el cielo había esperado con impaciencia el fin de la estada de Jesús en un mundo afligido por la maldición del pecado. Ahora había llegado el momento en que el universo celestial iba a recibir a su Rey... Cristo había ascendido al cielo en forma humana. Los discípulos habían contemplado la nube que le recibió. El mismo Jesús que había andado, hablado y orado con ellos; que había quebrado el pan con ellos; que había estado con ellos en sus barcos sobre el lago; y que ese mismo día había subido con ellos hasta la cumbre del monte de las Olivas, el mismo Jesús había ido a participar del trono de su Padre. Y los ángeles les habían asegurado que este mismo Jesús a quien habían visto subir al cielo, vendría otra vez como había ascendido. Vendrá “con las nubes, y todo ojo le verá”... Bien podían los discípulos regocijarse en la esperanza del regreso de su Señor. Los discípulos ya no desconfiaban del futuro. Sabían que Jesús estaba en el cielo, y que sus simpatías seguían acompañándolos. Sabían que tenían un Amigo cerca del trono de Dios, y anhelaban presentar sus peticiones al Padre en el nombre de Jesús... Extendían siempre más alto la mano de la fe, con el poderoso argumento: “Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó... el que también intercede por nosotros”. Romanos 8:34. Y el día de Pentecostés les trajo la plenitud del gozo con la presencia del Consolador, así como Cristo lo había prometido.—El Deseado de Todas las Gentes, 771-772.
Ver Fuente: https://m.egwwritings.org/es/book/1708.756#756