ARMAGEDÓN

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AMAZING FACTS LATINO

Ser Semejante a Jesús


Cristo, el modelo de verdadera obediencia, 10 de febrero https://ift.tt/rqPmc6w ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Romanos 6:16. Adán no se detuvo a calcular el resultado de su desobediencia... Con el privilegio de la visión retrospectiva, podemos ver lo que significa desobedecer los mandamientos de Dios. Adán cedió a la tentación, y al ver nosotros el tema del pecado y sus consecuencias presentado en forma tan clara ante nosotros, podemos razonar de causa a efecto y ver que la dimensión del acto no es lo que constituye el pecado, sino la desobediencia a la voluntad expresa de Dios, lo que es una virtual negación de Dios, al rechazar las leyes de su gobierno. La felicidad de los hombres y las mujeres reside en su obediencia a las leyes de Dios. En su obediencia a la ley de Dios se ven rodeados como por un cerco y guardados del mal. No pueden ser felices y [al mismo tiempo] apartarse de los requerimientos específicos de Dios y establecer para sí mismos una norma que deciden que pueden seguir con seguridad. Habría una gran variedad de normas para adaptarse a las diferentes mentes; el gobierno sería arrancado de las manos del Señor y los seres humanos tomarían las riendas del gobierno. [Cuando] se establece la ley del yo, la voluntad de la humanidad es hecha suprema, y cuando la elevada y santa voluntad de Dios se presenta para ser obedecida, respetada y honrada, el ser humano desea seguir su propio camino y obedecer sus propios impulsos, y surge una controversia entre el agente humano y el divino. La caída de nuestros primeros padres rompió la cadena dorada de la obediencia implícita de la voluntad humana a la divina. Nunca más la obediencia ha sido considerada como una necesidad absoluta. Los agentes humanos van tras sus propias imaginaciones, acerca de las cuales el Señor dijo, refiriéndose a los habitantes del mundo antiguo, que se dirigían de continuo solamente al mal. El Señor Jesús declaró que había guardado los mandamientos de su Padre. ¿Cómo? Como hombre. “He aquí, que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Hebreos 10:7. Frente a las acusaciones de los judíos, él se mantuvo con su carácter puro, virtuoso y santo mientras los desafiaba: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” Juan 8:46... Mediante su palabra y su ejemplo práctico el Hijo unigénito del Dios infinito nos ha legado un modelo sencillo que debemos copiar. Mediante sus palabras nos ha educado para que obedezcamos a Dios, y mediante su propio ejemplo nos ha mostrado de qué modo podemos obedecer.—Manuscript Releases, 337-339. Ver Reflejemos a Jesús, 48; Exaltad a Jesús, 163.

Reflejemos a Jesús


La ley, como un espejo, revela el pecado, 10 de febrero https://ift.tt/N2gHcnq El que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 1 Juan 2:5. Dios tiene una norma de justicia por la cual mide el carácter. Esta norma es su santa ley, que se nos ha dado como una regla de vida. Hemos sido llamados a cumplir con sus requerimientos, y cuando hacemos esto honramos tanto a Dios como a Jesucristo; porque Dios dio la ley, y Cristo murió para magnificarla y engrandecerla. El declara: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”Juan 15:10. “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. 1 Juan 2:17. Hay muchos oidores pero pocos hacedores de las palabras de Cristo. Sus palabras pueden ser aceptadas teóricamente, pero si no son estampadas en el alma, y entretejidas en la vida, no tendrán efecto santificador sobre el carácter. Una cosa es aceptar la verdad, y otra practicarla en la vida diaria. En aquellos que sólo oyen, la palabra de Dios no produce una respuesta agradecida. El mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza”, es reconocido como justo, pero sus requerimientos no son admitidos; sus principios no son llevados a cabo. Todos somos pecadores, y por nosotros mismos somos incapaces de poner en práctica las palabras de Cristo. Pero Dios ha hecho provisión para que el pecador condenado pueda ser liberado de manchas y arrugas. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 2:1; 1:9. Pero mientras que Cristo salva al pecador, no elimina la ley que condena al pecador... La ley nos muestra nuestros pecados, como un espejo muestra que nuestro rostro no está limpio. El espejo no tiene poder para limpiar el rostro; no es ésa su función. Así es con la ley. Señala nuestros defectos y nos condena, pero no tiene poder para salvarnos. Hemos de ir a Cristo por el perdón. El tomará nuestra culpa sobre su propia alma, y nos justificará ante Dios. Y no sólo nos librará del pecado, sino que nos dará poder para rendir obediencia a la voluntad de Dios... Hoy muchos se erigen una norma propia, pensando ganar el cielo, aun cuando descuidan de hacer la voluntad de Dios. Los tales están edificando sobre la arena. Son sólo oidores... Nuestra salvación costó la vida del Hijo de Dios, y Dios demanda de nosotros que edifiquemos nuestros caracteres sobre un fundamento que soportará la prueba del juicio.—The Signs of the Times, 24 de septiembre de 1896.

Recibiréis Poder


Santificación de los labios, 10 de febrero https://ift.tt/75tJayp Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Isaías 6:7. Mediante su don celestial, el Señor hizo amplia provisión para su pueblo. Un padre terrenal no puede dar ni transferir al hijo un carácter santificado. Únicamente Dios es capaz de transformarnos. Al soplar sobre sus discípulos, Cristo les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. Juan 20:22. Este es el gran don del cielo. Mediante el Espíritu, el Señor impartió su propia santificación, y dotó a los suyos de su poder para ganar conversos al evangelio. De allí en adelante Cristo viviría mediante sus capacidades y hablaría por intermedio de las palabras de ellos. Los discípulos recibieron el privilegio de saber que desde ese momento eran uno con el Señor. Deberían apreciar sus principios, y ser controlados por su Palabra. Lo que dijeran procedería de un corazón renovado y sería expresado por labios santificados. Dejarían de ser egoístas; Cristo viviría y hablaría por su intermedio. Les dio la gloria que tuvo con el Padre, para que ellos y él pudieran ser unos con Dios. En las cortes celestiales el Señor Jesús es nuestro gran Sumo Sacerdote y nuestro Abogado. Los adoradores no aprecian la solemne posición en la cual nos encontramos respecto a él. Para nuestro bien presente y futuro necesitamos comprender esta relación. Si somos hijos suyos, estaremos unidos unos a otros, y vinculados a la fraternidad cristiana. Al estar ligados por el mismo vínculo sagrado que une a los que son lavados en la sangre del Cordero, nos amaremos unos a otros del mismo modo como él nos amó. Unidos a Dios en Cristo, hemos de vivir como hermanos. Gracias a Dios contamos con un gran Sumo Sacerdote que ascendió a los cielos: Jesús, el Hijo de Dios. Cristo no entró a lugares santos hechos por mano del hombre, sino en la misma morada de Dios para comparecer ante él por nosotros. En virtud de su propia sangre ocupó los lugares celestiales una vez para siempre para obtener eterna redención para los suyos.—The General Conference Bulletin, 1 de octubre de 1899.

Nuestra Elevada Vocacion


Eficacia de la sangre de Cristo, 10 de febrero La misma sangre expiará la persona. Levítico 17:11. https://ift.tt/lAb6wo4 Cristo fué el Cordero muerto desde la fundación del mundo. Para muchos ha sido un misterio el que se necesitaran tantas ofrendas de sacrificio en la antigua dispensación, el por qué tantas víctimas sangrantes fueron llevadas al altar. Pero la gran verdad que debía mantenerse delante de los hombres, e imprimirse en su mente y corazón, era ésta: “Sin derramamiento de sangre, no se hace remisión”. Hebreos 9:22. En cada sacrificio sangrante estaba simbolizado el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Cristo mismo fué el originador del sistema de culto judío, en el cual mediante símbolos, se exponían las cosas espirituales y celestiales. ... Actualmente vivimos en un tiempo cuando el símbolo ha encontrado su realidad en la ofrenda de Cristo por los pecados del mundo; estamos viviendo en un día de luz abundante, y sin embargo, cuán pocos se benefician con la grandiosa e importante verdad de que Cristo ha realizado un amplio sacrificio para todos. En la ofrenda que Cristo hizo de sí mismo, satisfizo toda la justicia requerida, y “¿cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande?”. Hebreos 2:3. Aquellos que rechazan el don de la vida no tendrán excusa.—The Signs of the Times, 2 de enero de 1893. Gracias a Dios que Aquel que derramó su sangre por nosotros, vive para defenderla, vive para hacer una intercesión por cada alma que lo recibe. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. 1 Juan 1:9. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Tiene un lenguaje mejor que la sangre de Abel, porque Cristo está vivo para interceder por nosotros. Siempre necesitamos mantener delante de nosotros la eficacia de la sangre de Jesús. Esa sangre que limpia la vida y la sostiene, de la cual podemos apropiarnos por la fe viva, es nuestra esperanza. Nuestro aprecio de su inestimable valor debe ir en aumento continuo, porque habla por nosotros únicamente cuando, mediante la fe, reclamamos su virtud, manteniendo la conciencia limpia y en paz con Dios. Se la representa como la sangre paradójica, inseparablemente unida con la resurrección y la vida de nuestro Redentor, ilustrada por la corriente que no cesa de fluir y que procede del trono de Dios, el agua del río de la vida.—Carta 87, 1894.

La Maravillosa Gracia de Dios


El rey de gloria, 10 de febrero https://ift.tt/nok0wWj Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Salmos 24:7, 8. Cristo vino a la tierra como Dios en forma humana. Ascendió a los cielos como Rey de los santos. Su ascensión fue digna de su exaltado carácter. Fue como alguien poderoso en batalla, vencedor, que llevaba cautiva la cautividad. Fue acompañado por la hueste angélica, entre aclamaciones de alabanza e himnos celestiales.—The S.D.A. Bible Commentary 6:1053. Los discípulos no solamente vieron ascender al Señor, sino que tuvieron el testimonio de los ángeles en el sentido de que había ido a ocupar el trono de su Padre... El resplandor de la escolta celestial y la apertura de las gloriosas puertas de Dios para darle la bienvenida no habrían de ser discernidos por ojos mortales. Si se les hubiera revelado a los discípulos el viaje de Cristo al cielo con toda su indecible gloria, no habrían podido soportar la visión... Sus sentidos no deberían infatuarse con las glorias del cielo de tal modo que perdieran de vista el carácter de Cristo en la tierra que ellos mismos debían copiar. Debían mantener nítidamente delante de sus mentes la hermosura y majestad de su vida, la perfecta armonía de todos sus atributos, y la misteriosa unión de lo divino y lo humano en su naturaleza... Su ascensión visible de este mundo estaba en armonía con la humildad y la serenidad de su vida.—The Spirit of Prophecy 3:254, 255. ¡Qué fuente de gozo era para los discípulos saber que tenían en los cielos un Amigo capaz de defenderlos! Por medio de la visible ascensión de Cristo cambiaron todas sus ideas y conceptos con respecto al cielo... Lo consideraban ahora su futuro hogar, donde su amante Redentor estaba preparando mansiones para ellos... La oración se revistió de un nuevo interés, puesto que era comunión con su Salvador... Tenían un Evangelio que predicar: Cristo en forma humana, varón de dolores; Cristo en su humillación, asido por manos impías y crucificado; Cristo resucitado, que ascendió a los cielos, para ser el Abogado del hombre en presencia de Dios; Cristo que había de venir con poder y gran gloria en las nubes de los cielos.—Ibid. 262, 263.

Exaltad a Jesús


Suyos por creación y redención, exaltad a Jesús como el creador, 10 de febrero Tus manos me hicieron y me formaron. Salmos 119:73. https://ift.tt/ur3LJge Consideremos la idea del privilegio que tenemos. Hay muchas personas que, cuando pasan por dificultades, caen en tentación y quedan desorientadas. Se olvidan de las invitaciones que el Señor ha dado abundantemente y comienzan a buscar la ayuda humana y a hacer planes para recibirla. Acuden a los seres humanos por ayuda, y de este modo su experiencia se debilita y se confunde. En todas nuestras pruebas se nos invita a buscar fervientemente al Señor, recordando que somos propiedad de él, hijos suyos por adopción. Ningún ser humano puede comprender nuestras necesidades como Cristo. Si se la pedimos con fe, recibiremos su ayuda. Le pertenecemos por creación, y también somos suyos por redención. Mediante las cuerdas del amor divino estamos sujetos a la Fuente de todo poder y fortaleza. Si tan sólo dependiéramos de Dios, pidiéndole lo que deseamos como el niñito le pide a su padre lo que quiere, obtendríamos una rica experiencia. Así aprenderíamos que Dios es la fuente de toda fortaleza y poder. Si al pedir, usted no experimenta de inmediato un sentimiento especial, no piense que su oración no ha sido contestada. Aquel que dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”, lo oirá y le contestará. Entonces, deje que su Palabra sea su confianza, pida y busque y goce del privilegio de descubrir que Cristo lo ha animado. El dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros—el yugo de la restricción y la obediencia—, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28-29. Hallaremos descanso llevando su yugo y soportando sus cargas. Encontraremos reposo verdadero al ser colaboradores con Cristo en la grandiosa obra por la cual vino a dar su vida. El dio su vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Su deseo es que acudamos a él para aprender de él. De ese modo experimentaremos descanso. El prometió hacernos descansar. Entonces, no coloque sus cargas sobre ningún otro ser humano. “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Al hacerlo, usted descubrirá por experiencia propia la clase de descanso que Cristo concede, el reposo que proviene de llevar su yugo y levantar sus cargas. El pueblo de Dios le ha deshonrado muchísimo al apoyarse sobre otros seres humanos. El no nos ha autorizado a que lo hagamos. Nos ha dicho que él nos enseñará y nos guiará... Piense en cuántas promesas nos ha hecho, de las cuales nos podemos asir con la mano de la fe... El desea que lo lleguemos a conocer, que hablemos con él, que le digamos acerca de nuestras dificultades, y que nos acostumbremos a pedirle a Uno que nunca juzga mal ni nunca comete una equivocación.—Manuscrito 144, 1901.

El Cristo Triunfante


Camina con Dios por todas partes, 10 de febrero https://ift.tt/JB17wdC “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”. Apocalipsis 3:4. Enoc caminó con el Dios invisible. En los lugares más atestados de la tierra él era su compañero. Recuerden esto todos los que guardan su verdad con sencillez y amor. Los hombres más ocupados tienen más necesidad de mantener a Dios delante de ellos. Cuando Satanás intente introducir sus insinuaciones en sus mentes, pueden entrar en el secreto pabellón del Altísimo con sólo decir: “Así dice Jehová”. Sus promesas serán su salvaguardia. En medio de la confusión y las presiones de los negocios encontrarán un lugar tranquilo para descansar. Si quieren confiar en Dios, él será su lugar de descanso. Lleven a Dios con ustedes a todas partes. La puerta está abierta para todo hijo e hija de Dios. El Señor no está lejos del alma que lo busca. La razón por la cual muchos quedan abandonados en el terreno de la tentación se debe a que no ponen al Señor siempre delante de ellos. Es necesario llevar la lámpara de la vida precisamente a aquellos lugares en que menos se piensa en Dios. Si perdemos de vista al Señor, si nuestra fe y nuestra comunión con él se quebrantan, el alma estará ciertamente en peligro y no se mantendrá la integridad. El Señor es nuestro ayudador, nuestra defensa. Dios ha hecho provisión para que ninguna alma que confíe en él sea vencida por el enemigo. Cristo está con los que creen en él cuando se ven obligados a relacionarse de cualquier manera con el mundo, y cuando se reúnen en su casa para adorarlo. Meditemos en estas palabras: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. Estas palabras se dan para las personas que aún están relacionadas con el mundo, sujetas a tentaciones e influencias que son engañosas y alucinantes. Mientras mantengan fija su atención en Aquel que es su sol y su escudo, las tinieblas y la oscuridad que las rodean no dejarán una mancha ni una mácula en sus vestiduras. Caminarán con Cristo; orarán, creerán y trabajarán para salvar a las almas que están a punto de perecer. Están tratando de romper las ataduras con que Satanás las ha ligado, y no serán avergonzadas si por fe hacen de Cristo su compañero. El gran engañador presentará constantemente tentaciones y engaños para echar a perder la obra de los seres humanos; pero si confían en Dios, si son mansos, humildes y dóciles de corazón, si perseveran en el camino del Señor, el cielo se regocijará porque ganarán la victoria. Dios dice: “Andará conmigo de blanco, con vestiduras inmaculadas, porque es digno”.—Manuscrito 97, 1898.

Dios nos Cuida


Los talentos y su recompensa, 10 de febrero https://ift.tt/2RsOMrD Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25:21. Dios nos ha dado talentos a fin de que los usemos para su gloria. A uno le concede cinco talentos, a otro, dos; a un tercero, uno. El que tiene un solo talento no lo debe esconder de Dios. El Señor sabe dónde está oculto. Sabe que no está haciendo nada por él. Cuando venga, el Señor preguntará a sus siervos: ¿Qué habéis hecho con los talentos que os encomendé? Y cuando los que recibieron cinco y dos le cuenten que duplicaron la cantidad mediante varias transacciones, él les dirá: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Lo mismo le dirá al que haya comerciado con el talento que se le prestó... Al que tiene un solo talento le dirá: ¿Sabías que un solo talento, bien usado y aprovechado, dará al Señor otros cien? ¿Cómo es posible?, preguntáis. Usad vuestro don para convertir a un hombre inteligente, que comprende lo que Dios significa para él, y lo que debería significar él para Dios. Al ponerse de parte del Señor, y al impartir luz a los demás, se podrán llevar almas al Salvador. Mediante el uso correcto de un talento, cien almas pueden recibir la verdad. No son los que poseen mayor cantidad de talentos los que escuchan el “Bien, buen siervo”, sino los que con sinceridad y fidelidad han usado sus dones para gloria del Maestro... Hay una gran obra que hacer en nuestro mundo, y se nos pedirá cuenta por cada rayo de luz que brilla sobre nuestra senda. Impartid esa luz, y recibiréis más luz para seguir impartiendo. Gran bendición descenderá sobre los que usan debidamente sus talentos.

Conflicto y Valor


Procurando la paz, 10 de febrero Génesis 13:1-13. https://ift.tt/PKeCIbn No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. Génesis 13:8, 9. Abrahán volvió a Canaán “riquísimo en ganado, en plata y oro”. Lot aún estaba con él, y de nuevo llegaron a Betel, y establecieron su campamento junto al altar que habían erigido anteriormente. Pronto comprendieron que las riquezas acrecentadas aumentaban las dificultades. En medio de las penurias y las pruebas habían vivido juntos en perfecta armonía, pero en su prosperidad había peligro de discordias entre ellos. Los pastos no eran suficientes para el ganado de ambos... Era evidente que debían separarse. Abrahán era mayor que Lot, y superior a él en parentesco, riqueza y posición; no obstante, él fue el primero en sugerir planes para mantener la paz. A pesar de que Dios mismo le había dado toda esa tierra, muy cortésmente renunció a su derecho... Este caso puso de manifiesto el noble y desinteresado espíritu de Abrahán. ¡Cuántos, en circunstancias semejantes, habrían procurado a toda costa sus preferencias y derechos personales! ¡Cuántas familias se han desintegrado por esa razón! ¡Cuántas iglesias se han dividido, dando lugar a que la causa de la verdad sea objeto de las burlas y el menosprecio de los impíos! “No haya ahora altercado entre mí y ti”, dijo Abrahán, “porque somos hermanos”. No sólo lo eran por parentesco natural sino también como adoradores del verdadero Dios. Los hijos de Dios forman una sola familia en todo el mundo, y debería guiarlos el mismo espíritu de amor y concordia. “Amándoos los unos a los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos a los otros” (Romanos 12:10), es la enseñanza de nuestro Salvador. El cultivo de una cortesía uniforme, y la voluntad de tratar a otros como deseamos ser tratados nosotros, eliminaría la mitad de las dificultades de la vida. El espíritu de ensalzamiento propio es el espíritu de Satanás; pero el corazón que abriga el amor de Cristo poseerá esa caridad que no busca lo suyo. El tal cumplirá la orden divina: “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros”. Filipenses 2:4; Historia de los Patriarcas y Profetas, 125, 126.

Cada Día con Dios


La promesa de su presencia, 10 de febrero https://ift.tt/wvVbNES Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2 Timoteo 4:2. Todo el que quiera emprender una obra de reforma enfrentará una decidida oposición. Esta tarea requiere abnegación... No debemos preguntar si se nos aprecia o no. Nada tenemos que hacer con eso. Consideremos cómo trabajó Cristo. Todo el que intente realizar alguna obra de reforma, que trate de conducir a los pecadores a una vida de abnegación y santidad, necesitará a cada instante la seguridad dada por Cristo después de su resurrección: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20. Tomen la Palabra. Vivan la Palabra. Prediquen la Palabra tal como lo han hecho en lo pasado. El Señor Jesús les ha dado la promesa de su presencia. Tórnenla; aprécienla. Ni a ustedes ni a mí nos corresponde verificar si se aprecian o no los actos de abnegación y sacrificio propio. La obra de reforma requerirá toda la fe, las lágrimas y oraciones que la inteligencia humana sea capaz de soportar. Nuestro cometido es: Levantad la cruz y llevadla tras Jesús, luchando siempre por manifestar el mismo espíritu que lo indujo a anhelar su bautismo de sufrimiento en la cruz. Cuando se puso en manos del Salvador la copa del sufrimiento en el jardín del Getsemaní, un pensamiento acudió a su mente: ¿Bebería de esa copa o abandonaría al mundo para que se perdiera en sus pecados? Su sufrimiento sobrepujaba la comprensión humana. Cuando le sobrevino la agonía, “era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. Lucas 22:44. La copa misteriosa tembló en sus manos. En medio de esa crisis terrible, cuando todo estaba en juego, el ángel poderoso que permanece junto a la presencia de Dios acudió al lado de Cristo, no para retirar la copa que tenía en la mano sino para fortalecerlo a fin de que la bebiera, dándole la seguridad del amor del Padre. Cristo bebió la copa, y por esto los pecadores pueden acudir a Dios para encontrar perdón y gracia. Pero los que participen de la gloria de Cristo también deben participar de sus sufrimientos... ¿Tomaremos la cruz y, mediante una comprensión inteligente de lo que significa seguir a Cristo, practicaremos la abnegación a cada instante?—Carta 66, del 10 de febrero de 1906, dirigida al pastor S. N. Haskell y Sra.

Alza tus Ojos


Sea hombre, 10 de febrero https://ift.tt/AX7kVKd Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. 1 Corintios 16:13. Usted podría hacer una obra mucho más grande y mucho más eficiente si cultivara una tranquila confianza en Dios y no estuviera ansioso, preocupado y perturbado, como si Jesús estuviera en el sepulcro y Ud. no tuviera Salvador. El resucitó... ascendió a los cielos y es su Abogado delante del trono de Dios... Los discípulos de Cristo no deben asombrarse si son llamados a participar de los sufrimientos de Cristo. ¿Cómo puede mirar El a aquellos por quienes hizo tanto, por quienes pagó un precio tan infinito y que sin embargo no han apreciado nunca su gran don por ellos? La obra de los representantes de Cristo debe ser similar a la de su Redentor. No deben contemplarse a sí mismos ni confiar en el yo. No deben hacer una evaluación demasiado alta de sus propios esfuerzos, pues cuando vean que otros no consideran sus labores de tanto valor como ellos mismos las estiman, llegan a sentir que no vale la pena seguir trabajando. Pero ésta es la obra del enemigo. No vivimos para los hombres sino para Dios. El considera nuestra obra en su verdadero valor. Aprecia la nobleza de carácter, y sea que los hombres la aprecien o no, ella continúa viviendo después que el hombre ha desaparecido. Cuando ya el ser humano no tiene nada que hacer con cosa alguna debajo del sol, el ejemplo que dejó, las palabras de oro que pronunció, continúan viviendo por toda la eternidad. Esta influencia que correspondió al modelo divino nunca muere. Su vida se conectó con Dios. Todos ejercemos una influencia personal, y nuestras palabras y acciones dejan una impresión indeleble. Es nuestro deber vivir, no para el yo, sino para el bien de otros; no para ser manejados por nuestros sentimientos, sino para tener en cuenta que nuestra influencia es un poder para el bien o para el mal. Dios quiere que sus obreros sean lo que David encomendó a Salomón que fuera: “Sé hombre”. A Dios no le complace que alguno de sus representantes se preocupe, se canse y se agote al punto de no poder esparcir ya la dulce fragancia del cielo en su vida. No tenemos sino una vida para vivir. Jesús vino a nuestro mundo para enseñamos a vivir esa vida a fin de que podamos representar el carácter del Cielo. Nunca debiéramos ser pusilánimes, porque ello será perjudicial para nosotros mismos y para aquellos que estén al alcance de nuestra influencia. Dios requiere que nos comportemos con dignidad en las pruebas y en las tentaciones. El Varón de dolores, experimentado en quebranto, está ante nosotros como nuestro ejemplo. “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Apocalipsis 3:21.—Carta 7, del 10 de febrero de 1885, dirigida a Daniel T. Bourdeau, uno de nuestros primeros misioneros en Europa.

A Fin de Conocerle


El compasivo sanador, 10 de febrero https://ift.tt/sy81Ou0 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Mateo 14:14. Jesús, precioso Salvador, nunca parecía cansarse de las impertinencias de las almas enfermas de pecado y de los enfermos de toda suerte de dolencias. “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos”. Marcos 6:34. Esto significa mucho para los dolientes. El identificó sus intereses con los de ellos. Compartió sus cargas. Sintió sus temores. Tenía una anhelante compasión que era dolor para el corazón de Cristo. ¡Oh, qué amor, qué amor incomparable! Se volvió uno con nosotros para poder participar con la humanidad en todas sus vicisitudes... ¡Redención, oh cuánto implica esta palabra! Todos los que consientan en ser redimidos son elevados y santificados, redimidos por Jesucristo de toda vulgaridad y mundanalidad y se los capacita para cooperar con Dios en la gran obra de la salvación. Jesús aceptó a la humanidad y reveló en su propia vida y carácter lo que el hombre puede ser, aun cuando, en la providencia de Dios, sea colocado en las más pobres circunstancias de la vida. No tenía ni un centavo para pagar el tributo demandado, y obró un milagro para obtener esa pequeña suma. Jesús, precioso Salvador, no tenía hogar y con frecuencia padecía hambre. No tenía dónde reclinar la cabeza. Con frecuencia estaba cansado. La humanidad es honrada porque Jesús asumió la humanidad para revelar al mundo lo que puede llegar a ser ella. Puede traer a la luz la vida y la inmortalidad, llenar con luz los propósitos más comunes y humildes de la vida. Jesús se inclina sobre nosotros y escudriña nuestro carácter para ver si su propio carácter se refleja en nosotros.—Carta 119, 1893.

¡Maranata: El Senor Viene!


Escudriña tu propio corazón, 10 de febrero https://ift.tt/dfXi3os Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 2 Corintios 13:5. Nada es más traicionero que la falacia del pecado. Es el dios de este mundo que nos engaña, ciega y conduce a la destrucción. Satanás no expone todas sus tentaciones a la vez. Las disfraza con una máscara de bien... Las almas engañadas dan un paso y se preparan para el siguiente... Oh, ¡cómo acecha Satanás para ver cuán fácilmente se toma su carnada, y para ver a las almas andar precisamente en la senda que él ha preparado!... Existe la necesidad de examinarse íntimamente y de preguntarse a la luz de la Palabra de Dios: ¿Soy íntegro o corrupto de corazón? ¿Estoy renovado en Cristo o soy todavía carnal de corazón, cubierto sólo exteriormente con un vestido nuevo? Acercaos al tribunal de Dios y observad, como a la luz de Dios, si hay algún pecado secreto, alguna iniquidad, algún ídolo que no hayáis sacrificado. Orad, sí, orad como nunca antes para que no seáis engañados por los ardides de Satanás; para que no os entreguéis a un espíritu descuidado, indiferente, vano... Uno de los pecados que constituyen una de las señales de los últimos días es que los cristianos profesos son amadores de los placeres más que de Dios. Tratad sinceramente con vuestras propias almas. Investigad cuidadosamente. Cuán pocos, después de un examen fiel, pueden levantar la vista al cielo y decir: ...“No soy un amador del placer más que de Dios”. Cuán pocos pueden decir: “Estoy muerto para el mundo... Mi vida está escondida con Cristo en Dios, y cuando Aquel que es mi vida aparezca, yo también apareceré con él en gloria”. ¡El amor y la gracia de Dios! ¡Oh preciosa gracia más valiosa que el oro fino! Eleva y ennoblece el espíritu por encima de todos los demás principios. Coloca el corazón y los afectos en el cielo. Mientras los que nos rodean se ocupan en vanidades mundanas, placeres y frivolidades, nuestra conversación está en el cielo de donde esperamos al Salvador; el alma se dirige a Dios para obtener perdón y paz, justicia y verdadera santidad. El trato con Dios y la contemplación de las cesas de arriba transforman el alma a la semejanza de Cristo.14Mensajes para los Jóvenes, 81, 82.

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Comentarios Elena G.W https://ift.tt/gQe3CBW En el monte Moria Dios renovó su pacto con Abraham y confirmó con un solemne juramento la bendición que le había prometido a él y a su simiente por todas las generaciones futuras. “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: en tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”. Génesis 22:16-18. El gran acto de fe de Abraham descuella como un fanal de luz, que ilumina el sendero de los siervos de Dios en las edades subsiguientes. Abraham no buscó excusas para no hacer la voluntad de Dios. Durante aquel viaje de tres días tuvo tiempo suficiente para razonar, y para dudar de Dios si hubiera estado inclinado a hacerlo. Pudo pensar que si mataba a su hijo, se le consideraría asesino, como un segundo Caín, lo cual haría que sus enseñanzas fuesen desechadas y menospreciadas, y de esa manera se destruiría su facultad de beneficiar a sus semejantes. Pudo alegar que la edad le dispensaba de obedecer. Pero el patriarca no recurrió a ninguna de estas excusas. Abraham era humano, y sus pasiones y sus inclinaciones eran como las nuestras; pero no se detuvo a inquirir cómo se cumpliría la promesa si Isaac muriera. No se detuvo a discutir con su dolorido corazón. Sabía que Dios es justo y recto en todos sus requerimientos, y obedeció el mandato al pie de la letra (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 148, 149). A la omnipotencia del Rey de reyes, nuestro Dios, que cumple su pacto, une la delicadeza y el cuidado de un tierno pastor. Nada puede impedirle el camino. Su poder es absoluto y es la prenda para el seguro cumplimiento de sus promesas a su pueblo. Él puede remover todos los obstáculos al avance de su obra. Él posee los recursos para eliminar toda dificultad para que aquellos que le sirven, y tienen respeto por los medios que él utiliza, puedan ser libertados. Su bondad y su amor son infinitos y su pacto es inalterable. Los planes de los enemigos de su obra al parecer son firmes y bien trazados, pero él puede echar abajo los planes más sólidos, y lo logrará a su debido tiempo, cuando vea que nuestra fe ha sido lo suficientemente probada y que estamos acercándonos a él y haciendo de él nuestro consejero. En los días más oscuros, cuando las apariencias sean de lo más lúgubres, no temáis. Tened fe en Dios. Él está obrando su voluntad, haciendo bien todas las cosas en favor de su pueblo. La fuerza de aquellos que le aman y le sirven será renovada de día en día. Su sabiduría será puesta al servicio de ellos para que no tropiecen al llevar a cabo sus propósitos (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 17, 18).

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