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February 16, 2017
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es de su carne. Hebreos 10:19, 20.
Por medio de Cristo había de revelarse la gloria oculta del santísimo. Había sufrido la muerte por cada hombre, y por esta ofrenda, los hijos de los hombres llegarían a ser hijos de Dios. Cara a cara, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, los creyentes en Cristo serían mudados de gloria en gloria, a su misma imagen. El propiciatorio [trono de la gracia], sobre el cual descansaba la gloria de Dios en el santísimo, está abierto a todos aquellos que acepten a Cristo como propiciación por el pecado, y que por su medio se pongan en comunión con Dios. El velo está rasgado, derribado el muro de separación, cancelada la cédula de los ritos. La enemistad queda abolida en virtud de su sangre. Por medio de la fe en Cristo, el judío y el gentil pueden participar del Pan de vida.—Carta 230, 1907.
La sencilla historia de la cruz de Cristo, su sufrimiento y muerte por el mundo, su resurrección y ascensión, su mediación en favor del pecador ante el Padre, subyuga y quebranta el duro corazón pecaminoso, e induce al arrepentimiento al pecador. El Espíritu Santo pone el problema bajo una nueva luz, y el pecador comprende que el pecado debe ser un mal tremendo ya que cuesta tal sacrificio expiarlo... ¡Cuán gravoso debe ser el pecado puesto que no se pudo emplear un remedio menor que la muerte del Hijo de Dios para salvar al hombre de sus consecuencias! ¿Por qué fue hecho esto en favor del hombre? Se debe a que Dios lo ama, y a que no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento, crean en Jesús como en un Salvador personal, y tengan vida eterna.— The Youth's Instructor, 19 de enero de 1893.
January 3, 2017
Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Lucas 2:43.
Todos los actos de la vida de Jesús fueron importantes. Cada acontecimiento de su vida era para el beneficio de sus seguidores del futuro. Esta circunstancia de la demora de Cristo en Jerusalén enseña una lección importante.
Jesús conocía los corazones. Sabía que, al volver la muchedumbre de Jerusalén, se hablaría y comentaría mucho que no estaría sazonado con humildad y gracia, y el Mesías y su misión se olvidarían casi del todo. Eligió volver de Jerusalén solo con sus padres; pues al retirarse, su padre y madre tendrían más tiempo para reflexionar y meditar en las profecías ... No quería que los penosos acontecimientos que iban a experimentar cuando él ofreciera su vida por los pecados del mundo, fueran nuevos e inesperados para ellos. Se separó de ellos cuando volvieron a Jerusalén. Después de la celebración de la Pascua, lo buscaron con dolor durante tres días.
Aquí hay una lección para todos los seguidores de Cristo. ... Es necesario ser cuidadosos en palabras y acciones cuando los cristianos están juntos, no sea que Jesús sea olvidado por ellos, y continúen indiferentes al hecho de que Jesús no está en su medio. Cuando se dan cuenta de su condición, descubren que han viajado sin la presencia de Aquel que podría dar paz y gozo a su corazón, y se ocupan días en volver y buscar a Aquel a quien deberían haber retenido consigo cada momento. Jesús no estará entre los que descuidan su presencia y se ocupan de conversaciones que no tienen ninguna referencia con su Redentor.
Todos tienen el privilegio de retener a Jesús consigo. Si lo hacen, sus palabras deben ser selectas, sazonadas con gracia. Los pensamientos de su corazón deben encaminarse a meditar en las cosas celestiales y divinas.— The Review and Herald, 31 de diciembre de 1872.
November 23, 2016
Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente. 1 Crónicas 16:11.
Ahora, justamente ahora, tenemos la oportunidad de abrir las ventanas del alma hacia el cielo y cerrar las ventanas que están orientadas hacia la tierra. Ahora es el momento cuando cada miembro de iglesia debe decir: "Cerraré mi corazón a todo lo que estorbe mi comunión con Cristo, y abriré hacia el cielo las ventanas de mi alma para comprender las cosas espirituales".
Los creyentes necesitan hablar con Dios con respecto a su necesidad individual del Espíritu Santo. La Palabra de Dios debe ser su seguridad. Todo el cielo nos está invitando a recibir en nuestras vidas los brillantes rayos del Sol de justicia. Si hablamos de fe, esperanza y valor, nuestras almas se fortalecerán, y aumentarán nuestra esperanza, nuestro valor y nuestra fe. Busquemos el gran don del Sol de justicia, para que por medio de nosotros pueda resplandecer sobre los demás. Busquemos al Señor para aprender a hacer sus obras en el mundo. Esto hará de nosotros prósperos misioneros, capaces de ayudar a otros a lograr una experiencia llena de esperanza y valor.
Al servir al Maestro no pasemos por alto las cosas pequeñas. Cada ser humano tiene una tela de la vida que tejer, y si al final completa y perfecciona el modelo que se le ha dado, cada hebra debe ser trabajada cuidadosa y fielmente. La gracia de Cristo nos capacitará para bordar bien y diestramente. Cada día debemos hacer esfuerzos diligentes para mejorar. Cada día debemos emplear nuestra inteligencia cristiana para fortalecer al débil y animar al desalentado. Cada alma tendrá que pasar por una gran prueba. Entonces, ¿no trabajaremos, velaremos, oraremos y alabaremos al Señor? Gracias a esto nuestra experiencia será sumamente preciosa. Muchos creyentes han sufrido una gran pérdida porque no han buscado fervientemente al Señor con una fe que no puede ser negada.
Las palabras pronunciadas y las tareas realizadas en forma sencilla, humilde y valerosa infundirán fe en otros corazones. El Señor viene pronto, y el corazón natural se debe convertir cada día. Debemos aprender a hablar con la mansedumbre de Cristo; nuestras obras y nuestro espíritu deben dar testimonio de que estamos sirviendo al Señor.* Ezequiel 30-32.
October 29, 2016
Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Santiago 4:6.
María había sido considerada como una gran pecadora, pero Cristo conocía las circunstancias que habían formado su vida. El hubiera podido extinguir toda chispa de esperanza en su alma, pero no lo hizo. Era él quien la había librado de la desesperación y la ruina. Siete veces ella había oído la reprensión que Cristo hiciera a los demonios que dirigían su corazón y mente. Había oído su intenso clamor al Padre en su favor. Sabía cuán ofensivo es el pecado para su inmaculada pureza, y con su poder ella había vencido.
Cuando a la vista humana su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vio los rasgos mejores de su carácter. El plan de la redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades, y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado.
Jesús conoce las circunstancias que rodean a cada alma. Tú puedes decir: Soy pecador, muy pecador. Puedes serlo; pero cuanto peor seas, tanto más necesitas a Jesús. El no se aparta de ninguno que llora contrito... Ordena a toda alma temblorosa que cobre aliento. Perdonará libremente a todo aquel que acuda a él en busca de perdón y restauración...
A las almas que se vuelven a él en procura de refugio, Jesús las eleva por encima de las acusaciones y contiendas de las lenguas. Ningún hombre ni ángel malo puede acusar a estas almas. Cristo las une a su propia naturaleza divino-humana.— El Deseado de Todas las Gentes, 521, 522.
October 26, 2016
Hechos 4:1-22.
Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles:Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Hechos 4:19, 20.
El día siguiente al de la curación del cojo ( Hechos 3) Anás y Caifás, con los otros dignatarios del templo, se reunieron para juzgar la causa, y los presos [Pedro y Juan] fueron traídos delante de ellos. En aquel mismo lugar, y en presencia de algunos de aquellos hombres, Pedro había negado vergonzosamente a su Señor. De esto se acordó muy bien al comparecer en juicio. Entonces se le deparaba ocasión de redimir su cobardía...
Pero el Pedro que negó a Cristo en la hora de su más apremiante necesidad era impulsivo y confiado en sí mismo, muy diferente del Pedro que comparecía en juicio ante el Sanedrín. Desde su caída se había convertido. Ya no era orgulloso y arrogante, sino modesto y desconfiado de sí mismo. Estaba lleno del Espíritu Santo, y con la ayuda de este poder resolvió lavar la mancha de su apostasía honrando el Nombre que una vez había negado...
El principio que los discípulos sostuvieron valientemente cuando, en respuesta a la orden de no hablar más en el nombre de Jesús, declararon: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios", es el mismo que los adherentes del Evangelio lucharon por mantener en los días de la Reforma...
En nuestros días debemos sostener firmemente este principio. El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto, confiado a nuestras manos... Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. La Palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda otra legislación humana. Un "Así dice Jehová" no ha de ser puesto a un lado por un "Así dice la iglesia" o un "Así dice el estado". La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales. Los Hechos de los Apóstoles, 51, 55, 56.* Romanos 11-13
October 25, 2016
Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡cuánto más el impío y el pecador! Proverbios 11:31.
Los impíos reciben su recompensa en la tierra. Proverbios 11:31. "Serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos". Malaquías 4:1. Algunos son destruidos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos son castigados "conforme a sus hechos". Habiendo sido cargados sobre Satanás los pecados de los justos, tiene éste que sufrir no sólo por su propia rebelión, sino también por todos los pecados que hizo cometer al pueblo de Dios. Su castigo debe ser mucho mayor que el de aquellos a quienes engañó. Después de haber perecido todos los que cayeron por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo. En las llamas purificadoras quedan por fin destruidos los impíos, raíz y rama: Satanás la raíz, sus secuaces las ramas.
Satanás y todos los que se han unido con él en la rebelión serán cortados... Entonces "no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí"; "serán como si no hubieran sido". Salmos 37:10; Abdías 16.
La justicia de Dios ha sido satisfecha, y los santos y toda la hueste angélica dicen en alta voz: Amén.
Mientras el fuego de la venganza de Dios envuelve la tierra, los justos moran seguros en la santa ciudad. La segunda muerte no tiene poder sobre los que han participado de la primera resurrección. Apocalipsis 20:6. En tanto que para los impíos Dios es fuego consumidor, para su pueblo es un sol y un escudo. Salmos 84:11.
El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de la maldición. Ningún infierno que arda eternamente recordará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado.
Sólo queda un recuerdo: Nuestro Redentor llevará siempre las señales de su crucifixión... Todo lo que se había perdido por el pecado, ha sido restaurado... El propósito primitivo que Dios tenía al crear la tierra se cumple al convertirse ésta en la morada eterna de los redimidos. "Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella". Salmos 37:29.* Apocalipsis 17-18.
October 24, 2016
Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Job 1:1.
La abnegación, el principio del reino de Dios, es odiada por Satanás, que niega hasta su misma existencia. Desde el comienzo del gran conflicto él se ha esforzado por demostrar que los principios de acción de Dios son egoístas, y trata del mismo modo a todos los que sirven a Dios. La obra de Cristo y la de todos los que llevan su nombre es refutar las denuncias de Satanás...
Casi al principio de la historia de este mundo se registra la vida de uno que fue objeto de esta controversia de Satanás.
De Job, el patriarca de Uz, el testimonio del Escudriñador de corazones era: "No hay ninguno como él en la tierra, varón perfecto y honrado, temeroso de Dios y apartado del mal".
Satanás pronunció una despectiva acusación contra este hombre. "¿Por ventura Job teme a Dios de balde? ¿No le has cercado en derredor, así a él como a su casa y a todo lo que tiene?"...
El Señor dijo a Satanás: "He aquí que todo lo que tiene lo doy en tu mano". "He aquí que él está en tu mano; mas guarda su vida".
Habiendo obtenido el permiso, Satanás quitó a Job todo lo que poseía: ganados, rebaños, siervos, siervas, hijos e hijas, e "hirió a Job de una úlcera maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza"...
"Cuando me haya probado—dijo—, saldré como el oro". Así ocurrió.— La Educación, 149-151.*4—S.A.D.
October 23, 2016
Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno. Judas 7.
Las perspectivas de nuestro mundo son ciertamente alarmantes. Dios está retirando su Espíritu de las ciudades impías, que han llegado a ser semejantes a las del mundo antediluviano y a Sodoma y Gomorra. Los habitantes de esas ciudades han sido sometidos a prueba. Hemos llegado al momento cuando Dios está por castigar a los presuntuosos malhechores que rehúsan guardar sus mandamientos y desprecian sus mensajes de advertencia. El que es paciente con los que obran mal, le da a todos la oportunidad de buscarlo y de humillar sus corazones delante de él.
Todos tienen oportunidad de venir a Cristo y convertirse para que él los pueda sanar. Pero llegará el momento cuando no se ofrecerá más misericordia. Las costosas mansiones, maravillas arquitectónicas, serán destruidas sin previo aviso cuando el Señor vea que sus ocupantes han traspasado los límites del perdón. La destrucción causada por el fuego en los imponentes edificios que se suponen son a prueba de incendios, es una ilustración de cómo, en un momento, los edificios de la tierra caerán en ruinas.
El ( capítulo 24) de Mateo nos presenta un resumen de lo que ha de sobrevenir al mundo. Vivimos en medio de los peligros de los últimos días. Los que perecen en el pecado deben recibir la advertencia. El Señor invita a todos aquellos a quienes ha confiado medios financieros a fin de que sean su mano ayudadora invirtiendo su dinero para el progreso de su obra. Nuestro dinero es un tesoro que el Señor nos ha prestado, y debe ser invertido en la tarea de dar al mundo el último mensaje de misericordia...
El que considera las cosas terrenales como el mayor bien, el que dedica su vida al esfuerzo de obtener riquezas mundanales, ciertamente está haciendo una pobre inversión. Cuando sea demasiado tarde verá que aquello en que confía se desmorona en el polvo. Sólo mediante la abnegación, mediante el sacrificio de las riquezas terrenales, se pueden obtener las riquezas eternas. El cristiano entra en el reino de los cielos por medio de mucha tribulación. Constantemente debe librar la buena batalla, y no deponer sus armas hasta que Cristo le dé reposo. Sólo al dar a Jesús todo lo que tiene puede asegurarse la herencia que durará por toda la eternidad.—Carta 90, del 23 de mayo de 1902, al Hno. Johnson, un laico.
October 22, 2016
Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Éxodo 20:24.
Cuando Adán, de acuerdo con las indicaciones especiales de Dios, presentó una ofrenda por el pecado, fue para él una ceremonia sumamente penosa. Tuvo que levantar la mano para tomar una vida que sólo Dios podía dar, para presentar su ofrenda por el pecado. Por primera vez estuvo en presencia de la muerte. Al contemplar la víctima sangrante en medio de las contorsiones de su agonía, se lo indujo a observar por fe al Hijo de Dios, a quien esa víctima prefiguraba, y que moriría como sacrificio en favor del hombre.
Esta ceremonia, ordenada por Dios, debía ser un constante recordativo para Adán, como asimismo un reconocimiento penitencial de su pecado. Este acto de tomar una vida dio a Adán una impresión más profunda y perfecta de su transgresión, que para expiarla se requirió nada menos que la muerte del amado Hijo de Dios. Se maravilló de la infinita bondad y del incomparable amor puestos de manifiesto al dar semejante rescate para salvar al culpable.
Cuando Adán daba muerte a la víctima inocente, le parecía que estaba derramando con su propia mano la sangre del Hijo de Dios. Se dio cuenta de que si hubiera permanecido fiel al Señor y leal a su santa ley, jamás habrían muerto ni hombres ni animales. No obstante, los sacrificios, al señalar hacia la gran y perfecta ofrenda del amado Hijo de Dios, le permitían vislumbrar una estrella de esperanza que iluminaba las tinieblas de su terrible futuro, y le proporcionaban alivio en su total desesperanza y ruina.
Al principio se consideró que el jefe de cada familia era dirigente y sacerdote de su propio conjunto familiar. Más tarde, cuando la especie se multiplicó sobre la tierra, algunos hombres señalados por Dios realizaron la solemne ceremonia de los sacrificios en favor del pueblo. La sangre de los animales debía relacionarse en la mente de los pecadores con la sangre del Hijo de Dios. La muerte de la víctima debía ser una evidencia para todos que el castigo del pecado es la muerte. Mediante el acto del sacrificio el pecador reconocía su culpa y manifestaba su fe, por cuyo intermedio preveía el inmenso y perfecto sacrificio del Hijo de Dios, prefigurado por las ofrendas de animales.
Sin la expiación provista por el Hijo de Dios, no podría haber derramamiento de bendiciones o salvación por parte de Dios con respecto al hombre. El Señor es celoso del honor de su ley. Su transgresión produjo una espantosa separación entre el Padre y el hombre. A Adán en su inocencia se le concedió comunión directa, libre y gozosa con su Hacedor. Después de su transgresión Dios se comunicaría con él por medio de Cristo y los ángeles.— La Historia de la Redención, 51-53.
Ese sacrificio sería de suficiente valor como para salvar a todo el mundo... Este sacrificio era de un valor tan inmenso, como para hacer más precioso que el oro fino, y que el oro de ofir, al hombre que lo aceptara.— Ibid. 50.
October 21, 2016
Porque te tomé de los extremos de la tierra, ... y te dije: Mi siervo eres tú, te escogí, y no te deseché. Isaías 41:9.
Muchos tienen ideas confusas acerca de lo que constituye la fe, y viven por debajo de sus privilegios. Confunden sentimiento y fe, y están continuamente angustiados y perplejos, porque Satanás toma toda ventaja posible de su ignorancia e inexperiencia. ... Debemos aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal, o fracasaremos en nuestro intento por llegar a ser vencedores. No nos traerá ningún beneficio mantenernos alejados de él, creer que nuestro amigo o nuestro vecino pueden tenerlo por su Salvador personal, pero que nosotros no podemos experimentar su amor perdonador. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos. Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre. Mediante la obra del Espíritu, se renueva la relación divina entre Dios y el pecador. El Padre dice: "Yo seré Dios para ellos, y ellos serán para mí hijos. Ejerceré el amor perdonador hacia ellos, y derramaré en ellos mi gozo. Ellos serán para mí un tesoro peculiar; porque este pueblo a quien yo he formado por mí mismo manifestará mi alabanza".
El Padre concede su amor al pueblo elegido que vive en medio de los hombres. Son el pueblo que Cristo ha redimido, mediante el precio de su propia sangre, y porque responden a la dirección de Cristo, mediante la misericordia soberana de Dios, son elegidos para ser salvados como sus hijos obedientes. La gratuita gracia de Dios se manifiesta sobre ellos, y el amor con que él los ha amado. Cualquiera que se humille como un niñito, que reciba y obedezca la Palabra de Dios con sencillez infantil, estará entre los elegidos de Dios.—The Signs of the Times, 1 de febrero de 1893.
Podéis demostrar que sois los elegidos de Cristo siendo fieles; podéis demostrar que sois los escogidos de Cristo permaneciendo en la vid.—Manuscrito 43, 1894.
October 16, 2016
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos, amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Colosenses 3:12.
El Capitán de nuestro salvación no reclamó para sí ninguna posición honrosa. En cambio, tomó la forma de siervo para que la humanidad pudiera relacionarse con la divinidad. El hombre debe representar a Cristo. Para ello, necesita ser paciente con sus congéneres, perdonador y lleno de un amor semejante al de Cristo. El que está verdaderamente convertido manifestará respeto por sus hermanos y estará dispuesto a proceder como el Señor lo ordenó. Jesús dijo: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros". Juan 13:34, 35. El creyente en quien abunda el amor de Dios manifestará tal expresión de ese amor que será comprendido por el mundo...
No todo el que habla de Cristo es uno con él. Los que no tienen el Espíritu y la gracia de Jesús no son suyos, no importa lo que profesen. Por sus frutos los conoceréis. Las prácticas y costumbres que siguen los dictados del mundo no promueven los principios de la ley de Dios. Y por no tener el aliento de su Espíritu, tampoco expresan su carácter. La semejanza a Cristo será revelada únicamente por los que se asemejan a la imagen divina. Sólo los que son modelados mediante el Espíritu Santo, pueden llegar a ser hacedores de la Palabra. Esta los pone en condiciones de dar a conocer la mente y la voluntad de Dios.
En el mundo existe una falsificación del cristianismo genuino. El verdadero espíritu del hombre se da a conocer por el modo como éste se relaciona con su prójimo. Podemos preguntar: ¿Representa el carácter de Cristo en espíritu y en acción, o simplemente es una manifestación natural del carácter egoísta, propio de los que pertenecen al mundo? La simple profesión de fe no significa nada para Dios. Antes que sea demasiado tarde para rectificar la conducta equivocada, que cada uno se pregunte: ¿Quién soy yo? Depende de nosotros mismos desarrollar el carácter que nos permita integrar la familia celestial, la realeza de Dios.— The Review and Herald, 9 de abril de 1895.
October 14, 2016
Quizás oigan y se vuelvan cada uno de su mal camino, y me arrepentiré yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras. Jeremías 26:3.
[El apóstol Pablo escribió]: "Yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás". Romanos 7:7... La ley que prometía vida al obediente, proclamaba la muerte del transgresor. "De manera", dice, "que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno". Romanos 7:12.
Cuán amplio es el contraste entre estas palabras de Pablo y las que se proclaman en muchos púlpitos hoy. Se le enseña a la gente que la ley de Dios no es necesaria para la salvación; que sólo tienen que creer en Jesús y son salvos. Sin la ley, los seres humanos no tienen convicción de pecado y no sienten necesidad de arrepentimiento. No viendo su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no sienten la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo como su única esperanza de salvación.
La ley de Dios es un agente en cada conversión genuina. No puede existir verdadero arrepentimiento sin convicción de pecado. Las Escrituras dicen que "el pecado es infracción de la ley" ( 1 Juan 3:4), y que "por la ley es el conocimiento del pecado" Romanos 3:20. Para ver su culpa, los pecadores deben someter a prueba su carácter por la gran norma de justicia de Dios. Para descubrir sus defectos, deben mirarse en el espejo de los estatutos divinos. Pero si bien la ley revela sus pecados, no proporciona el remedio. Únicamente el evangelio de Cristo puede ofrecer perdón. Para estar perdonados, los pecadores deben valerse del arrepentimiento hacia Dios, cuya ley ha sido transgredida, y de la fe en Cristo, su sacrificio expiatorio.
Sin arrepentimiento verdadero no puede haber conversión verdadera. Muchos se equivocan aquí, y demasiado a menudo toda su experiencia demuestra ser un engaño. Es por esto que tantos que se unen a la iglesia nunca se han unido a Cristo.
"Los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden". The Spirit of Prophecy 4:297, 298.
October 4, 2016
Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11.
Consideremos la vida y el sufrimiento de nuestro precioso Salvador en nuestro favor, y recordemos que si no estamos dispuestos a soportar pruebas, fatigas, conflictos, y a participar con Cristo en sus sufrimientos, seremos considerados indignos de ocupar un lugar junto a su trono.
Como en el conflicto con nuestro poderoso enemigo tenemos todo para ganar, no podemos atrevernos a ceder a sus tentaciones ni por un momento. Sabemos que con nuestras propias fuerzas no es posible tener éxito. Pero Cristo, al humillarse y tomar sobre sí la naturaleza humana, se familiarizó con nuestras necesidades al padecer las tentaciones más duras que el hombre alguna vez tuvo que soportar. Conquistó al enemigo al resistir sus sugerencias a fin de que el hombre pueda aprender cómo ser un conquistador. Estuvo revestido con un cuerpo como el nuestro y en todo aspecto sufrió lo que el hombre puede llegar a sufrir, y mucho más. Nunca seremos llamados a sufrir como Cristo sufrió porque los pecados, no de uno sino de todo el mundo, fueron puestos sobre Jesús. El soportó humillación, vituperio, sufrimientos y muerte, para que al seguir su ejemplo pudiéramos ser salvos y heredar la vida eterna.
Cristo es nuestro modelo, el perfecto y santo ejemplo que nos ha sido dado para emularlo. Nunca podremos igualarlo, pero podemos imitarlo y asemejarnos a él de acuerdo al conocimiento y la relación que con él tengamos, y a la gracia que él nos haya concedido. Cuando caemos totalmente impotentes, sufriendo las consecuencias de nuestra concepción de pecaminosidad; cuando nos humillamos ante Dios afligiendo nuestro ser con verdadero arrepentimiento y contrición; cuando le ofrecemos nuestras fervientes oraciones en el nombre de Cristo, seremos bien recibidos por el Padre al entregarle completa y sinceramente nuestra vida. En lo más íntimo de nuestro ser deberíamos darnos cuenta de que todos nuestros esfuerzos son totalmente inútiles por ellos mismos, pues sólo en el nombre y por la fuerza del Conquistador es que podremos ser vencedores.— The Review and Herald, 5 de febrero de 1895.
September 28, 2016
"Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová". Génesis 13:10.
Los ojos del entendimiento de Abrahán no estaban cerrados cuando decidió que lo mejor que podía hacer era separarse de Lot, aunque había sido como un padre para él. No podía soportar contiendas y disensiones, ni siquiera entre los pastores. No podía reinar la paz en su mente si su relación estaba perturbada por diferencias desagradables. La separación le resultaba dolorosa, pero así debía ser.
Abrahán le dio a Lot la preferencia en la elección para que éste no fuera luego tentado a suponer que al separarse, el patriarca tenía en vista sus propios intereses. Lot eligió un hermoso lugar cerca de Sodoma. La tierra que eligió poseía ventajas naturales, pero él no se detuvo a investigar la moral ni la religión de los sodomitas. Guardamos registro de la historia posterior. Y llegó la hora en que tuvo que huir de la ciudad corrupta, que había sido ensombrecida por crímenes de toda clase. Se le permitió advertir a sus hijas y yernos, pero ellos se negaron a escuchar su advertencia como tampoco habían escuchado sus enseñanzas. Se mofaron de su fe en Dios y perecieron en la destrucción de Sodoma.
Esta es una lección para todos nosotros. Debiéramos ser cuidadosos al seleccionar el lugar donde ubicaremos a nuestras familias. Debemos buscar la ayuda del Señor en la preparación de nuestros hijos y en la elección de su profesión. Cada familia debiera buscar a Dios constantemente, confiando en su sabia dirección. Se requiere agudeza de discernimiento para evitar un erróneo curso de acción que persiga las ventajas mundanales.
La voluntad del Señor debe ser nuestra voluntad. Dios debe ser lo primero, lo último y lo mejor en todo. Hemos de estar abiertos al aprendizaje como si fuésemos niños y movernos con cuidado, depositando toda nuestra confianza en Dios. Hay intereses eternos implícitos en cada paso que damos; o nos movemos hacia el cielo, hacia la ciudad cuyo Hacedor y Constructor es Dios, o nos movemos hacia los intereses terrenales, hacia las atracciones de Sodoma.
Dios no consulta nuestras opiniones y preferencias. Conoce lo que no conocen los seres humanos: los resultados futuros de cada movimiento, y por lo tanto, nuestros ojos debieran dirigirse a él y no a las ventajas mundanales presentadas por Satanás.—Manuscrito 50, 1893.