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La Historia de la Redención


El libre albedrío del hombre https://ift.tt/ZktsaFi Dios instruyó a nuestros primeros padres con respecto al árbol del conocimiento, y ellos estaban plenamente informados acerca de la caída de Satanás, y del peligro de escuchar sus sugerencias. No les quitó la facultad de comer el fruto prohibido. Dejó que como seres moralmente libres creyeran su palabra, obedecieran sus mandamientos y vivieran, o creyeran al tentador, desobedecieran y perecieran. Ambos comieron, y la gran sabiduría que obtuvieron fue el conocimiento del pecado y un sentimiento de culpa. El manto de luz que los envolvía pronto desapareció, y presas del sentimiento de culpa y de haber perdido la protección divina, un temblor se apoderó de ellos y trataron de cubrir sus cuerpos desnudos. Nuestros primeros padres decidieron creer las palabras de una serpiente, según pensaban, que no les había dado prueba alguna de su amor. No había hecho nada por su felicidad y su beneficio, mientras Dios les había dado todo lo que era bueno para comer y agradable a la vista. Doquiera descansaba la mirada había abundancia y belleza; sin embargo, Eva fue engañada por la serpiente, y llegó a pensar que se les había ocultado algo que podía hacerlos tan sabios como Dios mismo. En vez de creer en Dios y confiar en él, rechazó mezquinamente su bondad y aceptó las palabras de Satanás. Después de su transgresión Adán imaginó al principio que experimentaba el surgimiento de una forma de vida nueva y más elevada. Pero pronto el pensamiento de su transgresión lo llenó de terror. El aire, que había sido agradable y de temperatura uniforme, parecía querer congelarlos ahora. La pareja culpable experimentaba un sentimiento de pecado. Sentían temor por el futuro, una impresión de necesidad y desnuda el alma. El dulce amor y la paz, y ese feliz y arrobado contentamiento, parecieron haber desaparecido, y en su lugar los sobrecogió una sensación de necesidad que nunca habían experimentado antes. Entonces, por primera vez, prestaron atención a lo externo. Nunca habían estado vestidos sino que los había envuelto una luz como a los ángeles celestiales. Esa luz que los rodeaba había desaparecido. Para aliviar esa sensación de necesidad y desnudez que experimentaban, trataron de buscar algo que les cubriera el cuerpo, pues, ¿cómo podrían comparecer desnudos ante Dios y los ángeles? Su crimen apareció entonces delante de ellos en su verdadera dimensión. Su transgresión del expreso mandamiento de Dios asumió un carácter más definido. Adán censuró la insensatez de Eva al apartarse de él para ser engañada por la serpiente. Ambos se tranquilizaban pensando que Dios, que les había dado todo lo necesario para hacerlos felices, perdonaría su desobediencia por causa de su gran amor por ellos, y que su castigo no sería tan terrible después de todo. Satanás se regocijó por su éxito. Había tentado a la mujer para que desconfiara de Dios, dudara de su sabiduría y tratara de entrometerse en sus omniscientes planes. Y por su intermedio había causado también la caída de Adán quien, como consecuencia de su amor por Eva, desobedeció el mandamiento de Dios y cayó juntamente con ella. Las noticias de la caída del hombre se difundieron por el cielo. Todas las arpas enmudecieron. Los ángeles depusieron con tristeza sus coronas. Todo el cielo estaba conmovido. Los ángeles se sentían apenados por la vil ingratitud del hombre en respuesta a las riquezas con que Dios lo había provisto. Se celebró un concilio para decidir qué se haría con la pareja culpable. Los ángeles temían que extendieran la mano y comieran del árbol de la vida, para perpetuar así sus vidas pecaminosas. El Señor visitó a Adán y Eva y les dio a conocer las consecuencias de su desobediencia. Cuando se percataron de la presencia majestuosa de Dios trataron de esconderse de su vista, de la que antes se deleitaban, cuando gozaban de inocencia y santidad. “Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él le respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” El Señor no formuló esa pregunta porque necesitaba información, sino para tratar de convencer a la pareja culpable. ¿Qué te infundió vergüenza y temor? Adán reconoció su transgresión, no porque estuviera arrepentido de su gran desobediencia, sino para reprochar a Dios. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Entonces preguntó a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” Eva respondió: “La serpiente me engañó, y comí”.

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