TERRIBLE SENTENCIA Conozco el peligro, de los que rehúsan andar en la luz que Dios les da. Atraen sobre sí la terrible crisis que significa quedar abandonados a sus propios caminos, a su propio juicio. La conciencia se torna cada vez menos impresionable. La voz de Dios parece más distante, y el que hace el mal es abandonado a su propia infatuación. Resiste tercamente cada invitación, desprecia todo consejo, y se aleja de cada provisión realizada para su salvación. El Espíritu de Dios ya no ejerce un poder restrictivo sobre él, y se promulga la sentencia: “Es dado a ídolos; déjalo”. Oseas 4:17. ¡Cuán oscura, cuán sucia, cuán obstinada es su independencia! Parecería como si la insensibilidad de la muerte estuviera en su corazón. Este es el proceso por el que pasa el alma que rechaza la obra del Espíritu Santo.
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