![]() | Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17. |
Jamás maestro alguno honró de tal manera al hombre como lo hizo nuestro Señor. Se lo conoció como “amigo de publicanos y pecadores”. Se mezclaba con todas las clases sociales para que pudieran participar de las bendiciones que venía a otorgar. Se lo encontraba en la sinagoga y en el mercado. Participaba de la sociedad de los campesinos, alegrando con su presencia los hogares de los que lo invitaban. Pero nunca se insinuaba para que lo hicieran. {CDCD 247.2}
Se esmeraba en aliviar toda clase de miseria humana que se le sometiera con fe, pero no ejercía indiscriminadamente su poder sanador donde se manifestaba independencia de criterio y egoísta exclusividad, que podrían impedir dar expresión al pesar y solicitar la ayuda tan necesaria. Estaba dispuesto a aliviar a todos los que acudían a él con fe. El pesar huía ante su presencia; la injusticia y la opresión desaparecían frente a sus reprensiones; y la muerte, la cruel despojadora de nuestra raza pecaminosa, obedecía sus mandatos. {CDCD 247.3}
En toda época, desde que Cristo estuvo entre los hombres, ha habido quienes, aunque han profesado ceer en su nombre, han manifestado una actitud exclusivista o una preeminencia farisaica. Pero jamás han sido una bendición para sus semejantes. No han encontrado excusa en la vida de Cristo para su fanatismo y su justicia propia, porque su carácter era abierto y benéfico. Hubiera sido excluido de toda orden monástica de la tierra, porque habría traspasado sus reglamentos. En toda iglesia y en cada organización religiosa se pueden encontrar lunáticos que lo habrían acusado por su generosidad y misericordia... {CDCD 247.4}
Aquellos a quienes Dios ha confiado su verdad, deben ordenar de tal manera su relación con el mundo como para asegurarse una paz tranquila y santificada, tanto para conseguir un conocimiento muy completo acerca de cómo enfrentar los prejuicios de los hombres donde éstos se manifiesten, y administrarles la luz, el consuelo y la paz que se encuentran en la aceptación de la verdad de Dios. Deberían tomar como modelo y como fuente de autoridad la inspiradora vida social de Cristo. Deberían cultivar el mismo espíritu benéfico que él manifestaba, y deberían trazar los mismos amplios planes de acción para encontrar a los hombres donde se hallen.—Carta 2, del 28 de agosto de 1878, dirigida a mis queridos hermanos [de Suiza]. {CDCD 247.5}

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