![]() | Teniendo vuestra conversación honesta entre los gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. 1 Pedro 2:12. |
Cualquier cosa que seamos en el corazón será revelada en el carácter, y ejerceremos una influencia sobre todos aquellos con quienes nos asociamos. Nuestras palabras, nuestras acciones, son un sabor de vida para vida o de muerte para muerte. Y en el juicio seremos puestos frente a frente con aquellos a quienes debimos haber ayudado en los caminos rectos y seguros mediante nuestras palabras elegidas y consejos, si hubiéramos tenido una conexión diaria con Dios y un interés permanente y vivo en la salvación de sus almas.—Carta 27, 1892. {NEV 243.2}
El cristiano no debería conformarse con ser meramente un activo hombre de negocios. No debería estar tan absorbido en los asuntos mundanos como para tener apenas un momento o un pensamiento para la recreación o la amistad, para el bien de los demás, para el cultivo de la mente o para el bienestar del alma. La energía y la diligencia en los negocios son encomiables, pero esto no debiera hacernos descuidar ese amor por Dios y por el hombre que la Biblia ordena. ... {NEV 243.3}
Nuestra conducta en los asuntos temporales, nuestra conducta hacia el prójimo, es comentada con agudeza y severidad. Lo que decimos en la iglesia no es de tanta importancia como nuestro comportamiento en el círculo del hogar y entre nuestros vecinos. Las palabras amables, los actos considerados, la verdadera cortesía y hospitalidad, ejercerán constantemente una influencia en favor de la religión cristiana. {NEV 243.4}
Que no se dé este testimonio con respecto a nosotros: “La religión no los ha hecho mejores. Son tan sensuales, tan mundanos, tan deshonrados en los negocios, como siempre”. Todos aquellos que llevan este fruto alejan a Cristo en lugar de reunirse con él. Colocan obstáculos en el camino de aquellos a quienes debieran haber ganado para Jesús mediante una conducta consecuente. Es nuestro deber como cristianos dar al mundo una evidencia inequívoca de que estamos obedeciendo el gran mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19:19), el cual equivale a la regla de oro de nuestro Salvador, que dice: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Mateo 7:12.—The Signs of the Times, 12 de enero de 1882, pp. 20. {NEV 243.5}

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