![]() | “Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega”. Marcos 14:42. |
Ahora escuchan el acompasado paso de los soldados en el huerto... “Y el que le entrega les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó”... “Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” {CT 270.2}
Y a la soldadesca, les dijo: “¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. {CT 270.3}
El registro de Juan indica: “Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero, Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra... Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces le dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no he de beber?” {CT 270.4}
Ante esta afirmación el terror se apoderó de los discípulos. Habían estado todos juntos, rodeando al Señor, pero ante la propuesta de Pedro, “todos los suyos le abandonaron y huyeron”. {CT 270.5}
La naturaleza humana de Cristo era como la nuestra. Y él padecía el sufrimiento de una forma más profunda, pues su naturaleza espiritual estaba libre de toda mancha de pecado. Su aversión al sufrimiento era proporcional a la severidad de éste. Deseaba liberarse del sufrimiento como cualquier otro ser humano... {CT 270.6}
Cuán intenso era el anhelo de la humanidad de Cristo de escapar al sinsabor de un Dios agraviado: las palabras del Sufriente indican cuánto deseaba liberarse, dijo: “Padre mío, si es posible pase de mí esta copa: pero no sea como yo quiero, sino como tú”... Todo el pecado acumulado del mundo había sido depositado sobre el Portador del pecado; sobre el Único que podía ser propiciación por el pecado, por haber sido obediente. Su vida era una con Dios. En él no había mezcla alguna de corrupción.—Manuscrito 42, 1897. {CT 270.7}

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