![]() | Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. Salmos 119:67. |
El Señor considera de supremo valor la santidad de su pueblo, y permite que sobrevengan reveses sobre individuos, familias e iglesias, con el propósito de que su pueblo pueda discernir el peligro en que se halla y se sienta inducido a humillar su corazón en arrepentimiento delante de él. Tratará con ternura a los que yerran. Les dirigirá palabras de perdón y los vestirá con el manto de la justicia de Cristo. Los honrará con su presencia. Hoy, en el gran día de la expiación, es nuestro deber confesar nuestros pecados y reconocer la misericordia y el amor de Dios al perdonar nuestras transgresiones. Agradezcamos a Dios por las amonestaciones que nos ha dado para salvarnos de nuestros perversos caminos. Ofrezcamos un testimonio de su bondad manifestando un cambio en nuestra vida. Si se arrepienten aquellos a quienes el Señor ha enviado reprensiones, advirtiéndoles por ese medio que no están andando por el camino que él trazó, y con humildad y contrición de corazón confiesan su falta, de cierto que podrán contar otra vez con el favor del Señor... {HHD 262.2}
Una gran hora de prueba está ante nosotros. Tócanos pues emplear todas nuestras capacidades y dones para contribuir al progreso de la obra de Dios. Hemos de emplear todos los talentos que Dios nos ha dado para construir, no para desanimar y derribar... En todos los períodos de la historia de la iglesia, los mensajeros escogidos por Dios se han expuesto al vituperio y la persecución por causa de la verdad. Pero dondequiera se vean obligados a ir sus discípulos, aun cuando, como el discípulo amado, sean desterrados a una isla solitaria, Cristo sabrá dónde están y los fortalecerá y bendecirá, llenándolos de paz y gozo.—General Conference Bulletin (1900). {HHD 262.3}

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