![]() | A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza. Daniel 2:23. |
En esta época de maravillas satánicas se hará y se dirá todo lo imaginable para engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. No digan nada los creyentes para exaltar el poder de Satanás. El Señor distinguirá a su pueblo guardador de sus mandamientos con señales distintivas de su favor, si quiere ser modelado por su espíritu y edificado en la santísima fe mediante la estricta obediencia a la voz de su palabra. {CDCD 256.2}
Humillemos nuestras almas delante de Dios. Trabajemos con la mira puesta en su gloria. Esté su alabanza siempre en nuestros labios, porque los beneficios que nos concede se renuevan diariamente y debieran ser reconocidos mediante acción de gracias. Dios es paciente, tierno y misericordioso. Si nos tratara de acuerdo con nuestra perversidad, nuestra locura, nuestra conducta imprevisible, nuestra volubilidad, ¿dónde estaríamos? Pero “él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. Salmos 103:14. Recuerda que nadie es autosuficiente para resistir a este terrible enemigo. Ocúltate en Dios y asegúrate que el Espíritu Santo está contigo. Podrás vencer al enemigo sólo si el Señor va delante de ti. {CDCD 256.3}
Si subsistimos en el gran día del Señor, con Cristo como nuestro refugio y nuestra fortaleza, debemos abandonar toda envidia y toda contienda por la supremacía. Debemos destruir completamente la raíz de estas cosas impías para que no puedan surgir de nuevo a la vida. Debemos ponernos plenamente del lado del Señor... {CDCD 256.4}
Busca la justicia y ocúltate bajo el amplio escudo de la omnipotencia. Es tu única seguridad. Dios te invita a buscarlo con humildad de corazón. Lee la oración de Daniel y verifica si tu experiencia será capaz de resistir la prueba de fuego. Dios bendecirá ricamente a los que se humillan delante de él... {CDCD 256.5}
No debemos permitir que nos transmitan su frío mortal los que no saben qué significa andar con Dios... No debemos permitirnos entrar en controversias. Debemos pronunciar palabras pacíficas y llenas de gracia y de verdad. Debemos escudriñar diligentemente nuestros corazones para humillarnos delante de Dios. Debemos respetar a nuestros hermanos, pero no ponerlos en el lugar de Dios, porque sólo son hombres.—Carta 195, del 6 de septiembre de 1903, dirigida a W. C. White. {CDCD 256.6}

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