![]() | Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Mateo 7:12. |
Cristo vino a enseñarnos no solamente lo que debemos saber y creer, sino también lo que debemos hacer al relacionarnos con Dios y nuestro prójimo. La regla de oro de la justicia requiere que hagamos con los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros: “Han sido adquiridos con la sangre del Salvador; han sido comprados por precio”. {DNC 261.2}
En toda nuestra relación con nuestros prójimos, ya sean creyentes o no, debemos tratarlos como Cristo los trataría en nuestro lugar. Si es para nuestro bien presente y eterno obedecer la ley de Dios, será para su bien presente y eterno que lo hagan también. Nuestra meta más alta debe consistir en que seamos para ellos obreros médico-misioneros de acuerdo con la orden de Cristo... {DNC 261.3}
Todos los que entren por las puertas de perla en la ciudad de Dios, deberán haber manifestado a Cristo en todas sus actividades. Esto es lo que los convierte en mensajeros de Cristo, en sus testigos. Deben dar un testimonio claro y definido contra todo mal proceder, y señalar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El da poder, a todos los que lo reciben, de ser hijos de Dios. {DNC 261.4}
La regeneración es la única senda por medio de la cual podemos llegar a la ciudad santa. Es angosta, y estrecha la puerta de entrada, pero por ella debemos guiar a hombres, mujeres y niños, enseñándoles que para ser salvos deben tener un nuevo corazón y un nuevo espíritu. Los antiguos rasgos de carácter hereditarios deben ser vencidos. Los deseos naturales del alma deben cambiar. Se debe renunciar a todo engaño, toda falsificación y toda maledicencia. Hay que vivir una vida nueva, que hace de hombres y mujeres seres semejantes a Cristo. Debemos nadar, por así decirlo, contra la corriente del mal. {DNC 261.5}
El camino que conduce al cielo es angosto, cercado por la ley divina de Jehová. Los que lo siguen deben negarse constantemente a sí mismos. Deben obedecer las enseñanzas de Cristo... No confiemos en el hombre, sino en Jesucristo, que murió para que pudiéramos obtener justicia.*Año bíblico: Ezequiel 39-41. {DNC 261.6}

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