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Cristo, nuestro sacrificio y garantía


Cristo, nuestro sacrificio y garantía, 5 de febrero

Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 1 Pedro 2:24. ELC 44.1
Si estuvieras encarcelado por algún crimen que hubieras cometido, habiéndose pronunciado una sentencia de muerte contra ti, y viniere un amigo que te dijera: “Yo tomaré tu lugar y tú quedarás libre”, ¿no se llenaría tu corazón de gratitud por un amor tan abnegado? Cristo ha hecho infinitamente más que eso por nosotros. Estábamos perdidos; pesaba sobre nosotros la sentencia de muerte; y Cristo murió por nosotros y nos dio la libertad. Él dijo: “Llevaré sobre mí la culpa del pecador para que tenga otra oportunidad. Pondré a su alcance el poder que lo capacite para vencer en la lucha contra el mal”.—Manuscrito 11, 1885. ELC 44.2
Imaginémonos, si es posible, la naturaleza y el grado de los sufrimientos de Cristo. Este sufrimiento en la humanidad debía prevenir el derramamiento de la ira de Dios sobre todos aquellos por los cuales Cristo murió. Sí, para la iglesia este gran sacrificio será eficaz a través de la eternidad. ¿Podemos calcular en cifras la suma de sus transgresiones? Imposible. Entonces, ¿quién podrá aproximarse a una concepción de lo que Cristo soportó cuando tuvo que actuar como garantía por su iglesia, el único que podía padecer el castigo en favor del pecador sin ser consumido debido a su inocencia? ... En el sacrificio del unigénito Hijo de Dios se demuestra la tremenda gloria de la justicia y santidad divinas.—Manuscrito 6, 1897. ELC 44.3
Al empeñar su propia vida Cristo se hizo responsable por cada hombre y mujer de la tierra. Él está en la presencia de Dios diciendo: “Padre, yo tomo sobre mí la culpa de esa alma. Si ella tuviera que llevarla, eso significaría la muerte para ella. Si se arrepiente será perdonada. Mi sangre la limpiará de todo pecado. Yo di mi vida por los pecados del mundo”.—Manuscrito 127, 1899. ELC 44.4

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El Mensaje de los Tres Ángeles

Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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