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El Cristo Triunfante


El testimonio de Guillermo Miller, 26 de noviembre https://ift.tt/mKQXokO “Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”. 2 Corintios 4:8, 9. Guillermo Miller había perturbado el reino de Satanás y el archienemigo no sólo intentó neutralizar el efecto de ese mensaje sino destruir al mensajero. Cuando el Padre Miller hizo una aplicación práctica de la verdad de las Escrituras en los corazones de los oyentes, la ira de los profesos cristianos se encendió contra él, así como el de los judíos contra Cristo y los apóstoles. Los miembros de la Iglesia avivaron a las clases sociales más bajas y en varias ocasiones los enemigos hicieron planes de quitarle la vida cuando él abandonaba el lugar de las reuniones. Pero había santos ángeles en medio del gentío y uno de éstos, en forma de hombre, tomó del brazo a este siervo de Dios y lo condujo a salvo en medio de la turba. Su obra aún no había terminado y Satanás y sus emisarios tuvieron que reconocer que sus propósitos se habían frustrado. Si comparamos sus propias expectativas con respecto al efecto de su prédica con la forma como había sido recibida por el mundo religioso, Guillermo Miller dijo: “Es verdad, aunque no una sorpresa, que cuanto más nos relacionamos con la condición y la corrupción de la época actual... he encontrado una gran oposición desde el púlpito y de la prensa religiosa; y he sido un instrumento, a través de la predicación de la doctrina adventista, para manifestar que no pocos de nuestros docentes de teología no son otra cosa que infieles disfrazados... Ciertamente, vivimos tiempos singulares. Esperaba, por supuesto, que la doctrina de la pronta venida de Cristo habría de encontrar oposición entre los infieles, blasfemos, bebedores, jugadores y otros semejantes, pero no esperaba que los ministros del evangelio y los profesores de religión se hubieran de unir con personajes como los descritos anteriormente, en tiendas y lugares públicos, para ridiculizar la solemne doctrina de la segunda venida de Cristo...” Ahora, como en el tiempo de nuestro Salvador, las personas construyen sepulcros y exaltan a los profetas muertos, en tanto que persiguen a los mensajes vivientes del Altísimo. Guillermo Miller fue despreciado y odiado por los impíos y los incrédulos, pero su influencia y su labor fue una bendición para el mundo. Bajo su predicación, se convirtieron miles de pecadores y multitudes fueron guiadas al estudio de las Escrituras donde encontraron una gloria y una belleza que antes desconocían.—Spiritual Gifts 4:120, 121.

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