![]() | La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17:22-23. |
¡Oh, qué amor, qué amor incomparable! Los caídos seres humanos pueden llegar a estar tan íntimamente unidos con Cristo que sean glorificados con él. Han seguido sus pisadas en esta tierra, trabajando como él por las almas por las cuales murió, y cuando venga a buscar a los suyos entrarán en su gozo, y se sentarán junto a su mesa en su reino. “Donde yo estuviere—dice él—, allí también estará mi servidor”. Juan 12:26... {DNC 268.2}
¡Qué maravilloso pensamiento es que nosotros, pobres y caídos pecadores, podemos llegar a ser uno con Cristo, participantes de su naturaleza divina, refinados, purificados y glorificados! Podemos vencer y sentarnos con Cristo. Seremos hechos a su imagen. Nos ama, y nos ayudará. Debemos ser pasivos en sus manos. {DNC 268.3}
Tenemos su promesa. Disponemos de los títulos de propiedad en el reino de gloria. Jamás fueron redactados títulos de propiedad tan estrictamente de acuerdo con la ley, o más cuidadosamente firmados, que los que le dan derecho al pueblo de Dios a las mansiones celestiales. “No se turbe vuestro corazón—dice Cristo—; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Juan 14:1-3... {DNC 268.4}
Todos los que quieren pueden acogerse a las promesas del pacto. Enorme es el precio que se pagó por nuestra redención: la sangre del unigénito Hijo de Dios. Cristo fue puesto a prueba mediante aguda aflicción. Su naturaleza humana fue probada al máximo. Cargó con la pena de muerte que merecía la transgresión del hombre. Se convirtió en la garantía y el sustituto del pecador. Es capaz de mostrar el fruto de sus sufrimientos y su muerte mediante su resurrección de entre los muertos. Desde el sepulcro abierto de José resuena esta proclama: “Yo soy la resurrección y la vida. Los que creen en mí, y hacen las obras de justicia que yo hago, son justificados, santificados, emblanquecidos y probados. Han obtenido piedad y vida eterna”.*Año bíblico: Oseas 1-4. {DNC 268.5}

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