![]() | El que saciare, él también será saciado. Proverbios 11:25. |
Cristo nos presenta a los sedientos el agua de la vida para que podamos beber abundantemente; cuando lo hacemos tenemos a Cristo dentro de nosotros como una fuente de agua que surge para vida eterna. Entonces nuestras palabras están llenas de frescura. Estamos en condiciones de abrevar a los demás.—Testimonies for the Church 6:51. {MGD 305.2}
Tan pronto como viene uno a Cristo, nace en el corazón un vivo deseo de hacer conocer a otros cuán precioso amigo ha encontrado en Jesús; la verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón. Si estamos revestidos de la justicia de Cristo, y rebosamos de gozo por la presencia de su Espíritu, no podremos guardar silencio. Si hemos probado y visto que el Señor es bueno, tendremos algo que decir a otros... {MGD 305.3}
Y el esfuerzo por hacer bien a otros se tornará en bendiciones para nosotros mismos. Este fue el designio de Dios al darnos una parte que hacer en el plan de la redención... {MGD 305.4}
Si trabajáis como Cristo quiere que sus discípulos trabajen y ganen almas para él, sentiréis la necesidad de una experiencia más profunda y de un conocimiento más grande de las cosas divinas y tendréis hambre y sed de justicia. Abogaréis con Dios y vuestra fe se robustecerá, y vuestra alma beberá en abundancia de la fuente de la salud. El encontrar oposición y pruebas os llevará a la Biblia y a la oración. Creceréis en la gracia y en el conocimiento de Cristo, y adquiriréis una rica experiencia. {MGD 305.5}
El trabajo desinteresado por otros da al carácter profundidad, firmeza y amabilidad parecidas a las de Cristo; trae paz y felicidad al que lo realiza. Las aspiraciones se elevan. No hay lugar para la pereza o el egoísmo. Los que de esta manera ejerzan las gracias cristianas crecerán y se harán fuertes para trabajar por Dios. Tendrán claras percepciones espirituales, una fe firme y creciente, y un acrecentado poder en la oración. El Espíritu de Dios, que mueve su espíritu, pone en juego las sagradas armonías del alma, en respuesta al toque divino.—El Camino a Cristo, 77-80. {MGD 305.6}

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