![]() | Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Marcos 11:24. |
Muchos aseveran que desean ser salvos, que desean ser hijos e hijas de Dios, pero se quejarán de Dios en la forma más patética, porque no sienten de la manera en la que creen que deben sentir. Dicen: “Sé que tengo mucho que agradecer. El Señor me ha bendecido muchas veces; pero no puedo sentir como quisiera. No me atrevo a aplicar a mí mismo las promesas y decir que soy hijo de Dios. Pienso que bendice a otros. Pienso que los recibirá; pero no a mí. No puedo creer que El perdone mis pecados”. {ATO 310.2}
Esto puede definirse claramente como incredulidad y es pecado ante Dios, pues los tales deshonran al Señor y limitan al Santo de Israel. Cristo es su Salvador. Será hallado por todos los que lo busquen con todo el corazón. Las bondadosas promesas son otorgadas a su iglesia y, si usted ha dado los pasos indispensables en la conversión, si ha confesado a Cristo abiertamente, es parte del cuerpo de Cristo, una parte de su gran todo. La ansiedad, las dudas y la desconfianza, demuestran que usted no cree en El y que no se apropia de sus promesas. Por consiguiente carece de consuelo, esperanza y ánimo en el Señor, que es su privilegio y obligación tener cada hora del día y cada día de la semana. ¿Ama usted a Jesús? ¿Anhela su paz? Entonces crea en El, y los deseos de su alma serán satisfechos... {ATO 310.3}
Si usted abriga en el alma su incredulidad y sus dudas, y acude a otros con sus quejas, no tiene excusa pues no hay modo de justificación teniendo en cuenta las palabras que Cristo le dirige. Están henchidas de alivio, llenas de esperanza y seguridad para siempre. Si desecha sus palabras y abandona las frescas nieves del Líbano para buscar refrigerio en los recursos humanos, no tendrá paz ni consuelo, porque rechaza la ayuda que Dios le ofrece. {ATO 310.4}
El Señor declara que las puertas del infierno no prevalecerán contra su iglesia. Cada miembro sincero de la iglesia puede incluirse en estas promesas y decir: “Soy del Señor. En su fortaleza soy invencible”. Por lo tanto, no asuma una actitud lastimosa ni represente mal a nuestro Señor, comportándose como si El lo hubiera insultado haciéndole promesas que no cumple, como si estuviera viviendo un momento difícil y fuera abandonado completamente para luchar solo contra los poderes de las tinieblas. {ATO 310.5}
El asevera: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. Juan 14:18... ¿Cree personalmente en estas palabras? ¿O considera que son cuentos infundados? ¿Se aferra a ellas por fe, y las acepta y se regocija en ellas? Eso es comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios.—Manuscrito 42, del 25 de octubre de 1890, “Diario”.*Año bíblico: Lucas 15-17. {ATO 310.6}

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