![]() | Mateo 14:22-33. |
Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Mateo 14:27. {CV 290.1}
Los discípulos... “entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum”. Habían dejado a Jesús descontentos en su corazón... Murmuraban porque no les había permitido proclamarle rey. Se culpaban por haber cedido con tanta facilidad a su orden... {CV 290.2}
La incredulidad estaba posesionándose de su mente y corazón. El amor a los hombres los cegaba... ¿No habría nunca de asumir Cristo su autoridad como rey? ¿Por qué no se revelaba en su verdadero carácter el que poseía tal poder, y así hacía su senda menos dolorosa? ¿Por qué no había salvado a Juan el Bautista de una muerte violenta? Así razonaban los discípulos hasta que trajeron sobre sí grandes tinieblas espirituales. Se preguntaban: ¿Podía ser Jesús un impostor, según aseveraban los fariseos? ... {CV 290.3}
Ese día los discípulos habían presenciado las maravillosas obras de Cristo. Parecía que el cielo había bajado a la tierra. El recuerdo de aquel día precioso y glorioso debiera haberlos llenado de fe y esperanza. Si de la abundancia de su corazón hubiesen estado conversando respecto a estas cosas, no habrían entrado en tentación... Sus pensamientos eran tumultuosos e irrazonables, y el Señor les dio entonces otra cosa para afligir sus almas y ocupar sus mentes. Dios hace con frecuencia esto cuando los hombres se crean cargas y dificultades... Una violenta tempestad estaba por sobrecogerles y ellos no estaban preparados para ella... Olvidaron su desafecto, su incredulidad, su impaciencia. Cada uno se puso a trabajar para impedir que el barco se hundiese... Hasta la cuarta vela de la noche lucharon con los remos. Entonces los hombres cansados se dieron por perdidos. En la tempestad y las tinieblas, el mar les había enseñado cuán desamparados estaban, y anhelaban la presencia de su Maestro. {CV 290.4}
Jesús no los había olvidado... En el momento en que ellos se creyeron perdidos, un rayo de luz reveló una figura misteriosa que se acercaba a ellos sobre el agua... Su amado Maestro se volvió entonces, y su voz aquietó su temor: “Alentaos; yo soy, no temáis”. El Deseado de Todas las Gentes, 342-344.*Mateo 21-23 {CV 290.5}

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