![]() | “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. 1 Pedro 2:24. |
¡Cuánto asombro hubo en el cielo ante la recepción que le ofrecieron a su amado Comandante en este mundo! El hecho de que una nación que afirmaba creer en las profecías lo negara y, desconociendo las advertencias y predicciones, cerrara sus ojos a la luz y al cumplimiento de cada especificación de las profecías y fuera tan embaucada por el enemigo que al hacerlo creyera que rendía un servicio a Dios, evidenciaba el grado de engaño. Y cuán asombroso era que el mundo lo rechazara como lo había hecho una nación... {CT 294.2}
Sus manos fueron taladradas por los clavos, sus sagradas sienes recibieron la corona de espinas. Fue herido por Satanás quien instigó a sus agentes para que lo sometieran a un cruel castigo... Nuestra salvación fue conquistada gracias al sufrimiento infinito del Hijo de Dios... Cuando su humanidad padeció Cristo fue herido en el talón y su padecimiento fue mayor que el que sufrieron los seres humanos oprimidos. El Señor se había comprometido a pagar la inmensa deuda que los pecadores tenían con Dios la cual nunca podrían pagar para ser libres de la esclavitud. El cargó con las transgresiones y pesares de todos... {CT 294.3}
Los hombres y las mujeres por los que Cristo dio su vida. ¿pueden tener una idea de los padecimientos del amado Hijo de Dios para poner a su alcance la salvación y para que como hijos e hijas de Adán pudieran regresar al hogar edénico? {CT 294.4}
Cristo vino a ayudar a la familia humana, midiéndose en armas con el príncipe de las tinieblas. Y la batalla entre estos dos grandes generales de los ejércitos se libraba en este mundo... El conflicto era tan severo que él desmayó y casi murió en el campo de batalla, cuando los ángeles del mundo de la luz acudieron hasta donde estaba la víctima real, lo atendieron y revigorizaron con alimentos. {CT 294.5}
El alma de Cristo fue herida en el huerto de Getsemaní y en la cruz... Jesús ascendió a las alturas desde el terreno del conflicto, llevando en su cuerpo las marcas y cicatrices como trofeos de su victoria, que fueron la consecuencia de haber aniquilado el poder del primer rebelde, quien [antes de su rebelión] fuera un principal en gloria, un encumbrado ángel del cielo. Hubo gozo en el cielo y se proclamó a todos los mundos que aquella raza devastada había sido redimida. Las puertas del cielo estaban completamente abiertas para esa raza arrepentida que abandonó su rebelión y volvió a obedecer la ley de Dios... {CT 294.6}
La gran Cabeza de la iglesia dejó su obra a cargo de sus siervos que habrían de llevar adelante su nombre... Los seguidores de Cristo no fueron abandonados en medio del conflicto con Satanás asistidos únicamente por sus fuerzas finitas; el Capitán de nuestra salvación está a la cabeza, aunque permanece invisible para los ojos humanos. Pero el ojo de la fe discierne a su Capitán y obedece su voz.—Manuscrito 75, 1886. {CT 294.7}

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