![]() | Sois instrumentos de Dios, 1 de octubre |
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12. {CDCD 281.1}
Cristo vino a la tierra para presentar una norma verdadera y exaltada. Aunque el período dedicado a su ministerio público fue corto, llevó a cabo todo lo que vino a hacer. ¡Cuán impresionantes eran las verdades que enseñó, cuán completa la obra de su vida! ¡Cuán espiritual era el alimento que impartía diariamente al distribuir el pan de vida a miles de almas hambrientas! Su vida consistía en un viviente ministerio de la Palabra. Era la luz del mundo; señalaba a los hombres el camino, la verdad y la vida. El mismo era el alimento de ellos: El Pan de vida no prometió nada que no estuviera en condiciones de cumplir. “Pedid -dijo-, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Mateo 7:7. {CDCD 281.2}
Tal como podemos seguir el curso de una corriente de agua viva por la línea de viviente verdor que produce, se podía ver a Cristo mediante los hechos de misericordia que señalaban su camino a cada paso. Por donde andaba irrumpía la salud y la felicidad aparecía por donde él pasaba. Presentaba con tal sencillez las palabras de vida eterna, que hasta un niño las podía entender. Los hombres, las mujeres y los niños quedaban tan impresionados con su manera de explicar las Escrituras, que podían captar hasta la entonación de su voz, poner el mismo énfasis sobre sus palabras, e imitar sus gestos. Los jóvenes captaban su espíritu de servicio, y trataban de imitar sus modales llenos de gracia en un intento de ayudar a los que veían que padecían necesidad. {CDCD 281.3}
El ciego y el cojo se regocijaban en su presencia. El rostro de Cristo era para muchos el primero que jamás habían visto; sus palabras eran las primeras que habían penetrado en sus oídos. Estas personas restauradas lo seguían hasta donde les resultaba posible. Sus palabras, dirigidas a los ignorantes, les abrían una fuente de vida. Les dispensaba generosa y continuamente sus bendiciones. Los tesoros almacenados desde la eternidad, dados por Cristo, eran los ricos dones del Señor al hombre. {CDCD 281.4}
La obra de Cristo en favor de la humanidad todavía no ha terminado. Continúan en la actualidad. Por medio de Juan afirma que a cuantos lo reciban, a los que creen en su nombre, les dará la potestad de ser hijos de Dios.—Manuscrito 79, del 1 de octubre de 1906, “Dejad vuestras redes y seguidme”. {CDCD 281.5}

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