![]() | Mateo 16:21-25. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:23. |
Satanás siempre se introduce entre el alma del hombre y Dios... Esta lección en cuanto a Pedro debe estudiarse cuidadosamente.—Carta 65, 1894. {CV 312.2}
Pedro no deseaba ver la cruz en la obra de Cristo. La impresión que sus palabras hacían se oponía directamente a la que Jesús deseaba producir en la mente de sus seguidores, y el Salvador fue movido a pronunciar una de las más severas reprensiones que jamás salieran de sus labios... {CV 312.3}
Satanás estaba tratando de desalentar a Jesús y apartarle de su misión; y Pedro, en su amor ciego, estaba dando voz a la tentación. El príncipe del mal era el autor del pensamiento. Su instigación estaba detrás de aquella súplica impulsiva... Estaba tratando de fijar la mirada de Pedro en la gloria terrenal, a fin de que no contemplase la cruz hacia la cual Jesús deseaba dirigir sus ojos. Por medio de Pedro, Satanás volvía a apremiar a Jesús con la tentación. Pero el Salvador no le hizo caso; pensaba en su discípulo. Satanás se había interpuesto entre Pedro y su Maestro, a fin de que el corazón del discípulo no fuese conmovido por la visión de la humillación de Cristo en su favor. Las palabras de Cristo fueron pronunciadas, no a Pedro, sino a aquel que estaba tratando de separarle de su Redentor. “Quítate de delante de mí, Satanás”. No te interpongas más entre mí y mi siervo errante. Déjame llegar cara a cara con Pedro para que pueda revelarle el misterio de mi amor. {CV 312.4}
Fue una amarga lección para Pedro, una lección que aprendió lentamente, la de que la senda de Cristo en la tierra pasaba por la agonía y la humillación. El discípulo rehuía la comunión con su Señor en el sufrimiento; pero en el calor del horno, había de conocer su bendición. Mucho tiempo más tarde, cuando su cuerpo activo se inclinaba bajo el peso de los años y las labores, escribió: “Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese; antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo”. El Deseado de Todas las Gentes, 384, 385.*Juan 12, 13 {CV 312.5}

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