Recibiréis Poder
![]() | Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. Hechos 2:2. {RP 320.1} |
Cuando el Espíritu Santo descendió el día del Pentecostés, fue como un viento fuerte y poderoso. No fue dado con una medida escasa; porque llenó el lugar donde estaban sentados los discípulos. Así nos será dado cuando nuestros corazones estén preparados para recibirlo. {RP 320.2}
Que cada miembro de la iglesia se arrodille delante de Dios y ore sinceramente por el impartimiento del Espíritu. Exclamad: “Señor, aumenta mi fe. Haz que comprenda tu palabra, porque la comprensión de tu palabra proporciona luz. Refréscame mediante tu presencia. Llena mi corazón con tu Espíritu para que pueda amar a mis hermanos así como Cristo me ama a mí”. {RP 320.3}
Dios bendecirá a los que así se preparan para el servicio. Comprenderán qué significa tener la certeza del Espíritu, porque habrán recibido a Cristo por fe. La religión de Cristo es más que el perdón del pecado; significa que éste es removido y que el vacío lo llena con el Espíritu; que la mente es divinamente iluminada, que el corazón se vacía del yo y es llenado con la presencia de Cristo. Cuando la feligresía realice esta obra, la iglesia será viva y activa. {RP 320.4}
Debemos tratar más fervientemente de ser de una misma mente y un mismo propósito. Únicamente el bautismo del Espíritu Santo puede llevarnos a lograr este objetivo. Como resultado del renunciamiento propio preparemos nuestro corazón, a fin de recibir el Espíritu Santo para que se pueda hacer por nuestro intermedio una gran obra, de modo que no digamos: “Miren lo que estoy haciendo”, sino: “Miren la bondad y el amor de Dios”... {RP 320.5}
Podemos hablar de las bendiciones del Espíritu Santo, pero, a menos que nos preparemos para su recepción, ¿de qué valen nuestras obras? ¿Nos estamos esforzando con todas nuestras fuerzas para alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo? ¿Estamos buscando su plenitud, avanzando siempre hacia la meta puesta delante de nosotros: el perfecto carácter de Jesús?—The Review and Herald, 10 de junio de 1902. {RP 320.6}

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