Andemos en rectitud

Andemos en rectitud, 14 de abril
El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Proverbios 10:9.{HHD 113.1}
El primer paso en la senda de la vida es mantener la vista fija en Dios, conservar siempre su temor ante los ojos. Un solo apartamiento de la integridad moral embota la conciencia, y abre la puerta a nuevas tentaciones. “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”. Se nos manda amar a Dios en forma suprema y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; pero la diaria experiencia de la vida nos muestra que esta ley se pasa por alto. La rectitud en el comportamiento y el pensamiento, y la integridad moral, nos brindarán el favor de Dios, y harán del hombre una bendición para sí mismo y la sociedad; pero en medio de las diversas tentaciones que nos asaltan por todas partes, es imposible mantener una conciencia clara y la aprobación del cielo sin la ayuda divina y un principio que nos impulse a amar la honradez por causa de lo correcto.{HHD 113.2}
Un carácter que aprueben Dios y los hombres es preferible a la riqueza. Debe ponerse un fundamento amplio y profundo que descanse sobre la Roca que es Cristo Jesús. Hay muchos que profesan basarse en el verdadero fundamento, cuyos actos incontrolados revelan que están edificando sobre arena movediza; pero la gran tempestad barrerá su fundamento y no tendrán refugio... ¿Ven el futuro tales personas? ¿O están sus ojos demasiado anublados para ver, a través de las neblinas emponzoñadas de la mundanalidad, que el honor y la integridad no reciben recompensa en este rincón del mundo? ¿Recompensará Dios la virtud solamente con éxito mundanal? Tiene sus nombres grabados en las palmas de sus manos como herederos de honores eternos, de riquezas que nunca perecerán.—The Signs of the Times, 7 de febrero de 1884.{HHD 113.3}
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El Mensaje de los Tres Ángeles

Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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