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Unidos en amor, 10 de diciembre https://ift.tt/3DDQv09 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 1 Juan 4:11. El mundo contempla con alegría la desunión que se ve entre los cristianos. Los infieles se complacen. Dios pide un cambio en su pueblo. La unión con Cristo y la mutua es nuestra única seguridad en estos últimos días. No demos a Satanás la ocasión de señalar a nuestros miembros de iglesia, y decir: “Miren cómo se odia la gente que está bajo la bandera de Cristo... No tenemos nada que temer de ellos mientras empleen sus fuerzas en luchar entre sí”. Después del descenso del Espíritu Santo, los discípulos salieron a proclamar al Salvador resucitado, con un deseo único: salvar almas. Se regocijaban en la comunión con los santos. Eran tiernos, considerados, abnegados, dispuestos a realizar cualquier sacrificio en favor de la verdad. En su asociación diaria mostraban el amor que Cristo les había mandado revelar. Mediante palabras y hechos desinteresados se esforzaban por encender este amor en otros corazones... Pero los cristianos primitivos comenzaron a buscar defectos. Ocupándose de los errores, estimulando la sospecha y la duda, y dando lugar a una crítica despiadada, perdieron de vista al Salvador y su gran amor por los pecadores. Se volvieron más estrictos en relación a las ceremonias exteriores, más exigentes con la teoría de la fe, más severos en sus críticas. En su celo por condenar a otros, ellos mismos erraron. Olvidaron la lección del amor fraternal que Cristo había enseñado. Y, lo que es aun más triste, no fueron conscientes de su pérdida. No se dieron cuenta de que la felicidad y el gozo estaban desapareciendo de sus vidas, y de que pronto caminarían en las tinieblas por haber excluido el amor de Dios de su corazones. El apóstol Juan percibió que el amor fraternal se estaba desvaneciendo de la iglesia, y se ocupó particularmente de este asunto. Hasta el día de su muerte, instó a los creyentes al ejercicio constante del amor mutuo... En la iglesia actual de Dios, el amor fraternal está faltando en gran medida. Muchos de los que profesan amar al Salvador descuidan amar a los que están unidos con ellos en el compañerismo cristiano... La armonía y la unidad que existen entre los hombres de temperamentos diferentes es el testimonio más poderoso que puede darse de que Dios envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Es nuestro privilegio dar este testimonio. Pero, para hacerlo, debemos colocarnos a las órdenes de Cristo. Nuestro caracteres deben ser moldeados en armonía con el carácter de Cristo; nuestra voluntad debe someterse a la de El.—Manuscrito 143, del 10 de diciembre de 1903, “Unidad”.

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El Mensaje de los Tres Ángeles

Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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