![]() | Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Hechos 10:4. |
Es un maravilloso favor para cualquier hombre en esta vida el ser alabado por Dios como lo fue Cornelio... {ELC 308.2}
Ni la oración ni la limosna tienen ninguna virtud en sí mismas para recomendar a Dios al pecador. Sólo la gracia de Cristo, por medio de su sacrificio expiatorio, puede renovar el corazón y hacer nuestro servicio aceptable a Dios. Esta gracia conmovió el corazón de Cornelio... {ELC 308.3}
El Espíritu de Cristo había hablado a su alma. Jesús lo había atraído y se había rendido a esa atracción. Sus oraciones y sus limosnas no le fueron impuestas; no eran un precio que trataba de pagar para conseguir el cielo, sino que fueron el fruto del amor y la gratitud hacia Dios. {ELC 308.4}
Una oración tal hecha por un corazón sincero, asciende como incienso delante del Señor; y las ofrendas para su causa y las limosnas para los necesitados y dolientes, son un sacrificio que le complace. Por esa razón las ofrendas de los hermanos de Filipo, que ayudaban a las necesidades del apóstol Pablo, mientras era prisionero en Roma, se dice que eran “olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”. Filipenses 4:18. {ELC 308.5}
La oración y las limosnas están estrechamente vinculadas; son la manifestación de nuestro amor a Dios y a nuestros semejantes. Son la manifestación de los dos grandes fundamentos de la ley divina: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas ... Y ... amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Marcos 12:30, 31. Por lo tanto, aunque nuestras ofrendas no puedan recomendarnos delante de Dios o ganar su favor, son una evidencia de que hemos recibido la gracia de Cristo.—The Review and Herald, 9 de mayo de 1893. {ELC 308.6}

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