Agua para el sediento

Agua para el sediento, 9 de abril
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Juan 7:37.{AFC 105.2}
Una vez al año, durante la fiesta de las cabañas, recordaban los hijos de Israel cuando sus padres moraron en tiendas en el desierto, mientras viajaban de Egipto a la tierra de Canaán. Los servicios del último día de la fiesta eran de una solemnidad peculiar; pero el mayor interés se centralizaba en la ceremonia que conmemoraba cuando surgió agua de la roca. Había gran regocijo cuando en un vaso de oro, las aguas de Siloé eran traídas al templo por los sacerdotes, y después de haber sido mezcladas con vino eran rociadas sobre el sacrificio en el altar... En esa ocasión, por encima de toda la confusión de la multitud y los sonidos de regocijo, se oyó una voz: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Quedó en suspenso la atención de todos. Externamente todo era gozo; pero los ojos de Jesús, contemplando el trono con la más tierna compasión, vieron el alma reseca y sedienta por el agua de vida...{AFC 105.3}
La benévola invitación: “Venga a mí y beba”, llega hasta nuestro tiempo a través de todos los siglos. Y podemos estar en una posición similar a la de los judíos de los días de Jesús; regocijándonos porque se nos ha abierto la fuente de la verdad, al paso que no se nos permite refrescar nuestras almas sedientas con sus aguas vivas. Debemos beber... {AFC 105.4}
Así como los hijos de Israel celebraban la liberación que Dios efectuó para sus padres, y la forma milagrosa en que los preservó durante su viaje de Egipto a la tierra prometida, así el pueblo de Dios debiera en la actualidad recordar con gratitud las diversas formas en que él los ha sacado del mundo, de las tinieblas del error, a la preciosa luz de la verdad... Con gratitud, debiéramos considerar las sendas antiguas y refrigerar nuestra alma con el recuerdo de la bondad amante de nuestro generoso Benefactor.—The Review and Herald, 17 de noviembre de 1885.{AFC 106.1}
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El Mensaje de los Tres Ángeles

Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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