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Luces vacilantes, 21 de diciembre


Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16.

Anhelo ver a la iglesia poniéndose de pie con pleno sentido de su responsabilidad ante Dios, para que su luz resplandezca sobre el mundo mediante rayos claros y persistentes. La luz de muchos es demasiado vacilante, intermitente e insegura. A veces brilla con un gran resplandor, y en otras ocasiones casi se extingue Jehová, Dios de Israel, no puede ser glorificado a menos que la luz alumbre permanentemente tanto en medio de las tinieblas morales como en la plena luz. El resplandor del sol de justicia jamás es difuso. Brilla constantemente sobre ustedes. Aunque Satanás proyecta su sombra infernal sobre nuestro sendero, la luz alumbra más allá todavía.

Entonces, ¿por qué no han de andar los seguidores de Jesús en su luz, para reflejar los rayos brillantes del Sol de justicia? Pueden hacerlo. Cristo los ha intimado a que lo hagan y los capacita para hacerlo, porque nunca ordena que alguien haga algo que no le es posible hacer. Lo que es posible hay que hacerlo, no sólo para que uno mismo pueda gozar de felicidad y paz, sino en beneficio del mundo.

Cada día necesitamos elevar el alma hacia el cielo para captar los brillantes rayos de la luz que procede del sol de justicia. ¿Ha olvidado Dios de manifestar su gracia hacia el pueblo que lo teme y lo ama? No. ¿Ha cerrado la puerta de su tierna misericordia de tal menera que ya no pueda alcanzar a los probados y tentados? Les digo que no. Dirijan su vista hacia las alturas, almas temblorosas y llenas de dudas. Contemplen el rostro de Jesucristo, que resplandece de amor por lo que ha adquirido mediante su sangre, y no duden más.

Jesús es nuestro Abogado, nuestro gran Sumo Sacerdote. Es nuestro representante ante el Padre en las cortes del cielo. Su mediación nos asegura todo lo que requiere nuestra fe. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Mateo 7:7. ¿Quién lo dijo? El Padre eterno, el Príncipe de paz. Es nuestro Salvador. Nunca dejará de cumplir su palabra. Nunca se negará a sí mismo. Dios lo ha prometido. Aférrense con fe de la promesa.—Manuscrito 24, dario del 21 de diciembre de 1889.
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Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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