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Reflejemos a Jesús


La hospitalidad de Lidia, 25 de noviembre https://ift.tt/32zhg9p Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura... cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos. Hechos 16:14, 15. “Y un día de reposo [sábado]—continúa Lucas—salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella”. Hechos 16:13, 14. Lidia recibió alegremente la verdad. Ella y su familia se convirtieron y se bautizaron, y rogó a los apóstoles que se hospedaran en su casa.—Los Hechos de los Apóstoles, 174. El Espíritu de Dios sólo puede iluminar el entendimiento de aquellos que están dispuestos a ser iluminados. Leemos que Dios abrió los oídos de Lidia para que escuchara el mensaje de Pablo. La parte de Pablo en la conversión de Lidia consistió en comunicar todo el consejo divino y todo lo que era esencial para ella; luego el Dios de toda gracia ejerció su poder, conduciéndola en el camino verdadero. Dios y el agente humano cooperaron, y la obra fue plenamente exitosa.—The S.D.A. Bible Commentary 6:1062. La verdadera humildad suaviza y subyuga el corazón y adecua la mente a la palabra implantada. Coloca los pensamientos en obediencia a Jesucristo. Abre el corazón a la Palabra de Dios, como fue abierto el corazón de Lidia.—La edificación del carácter, 13. Las autoridades... visitaron la prisión, pidieron disculpas a los apóstoles por su injusticia y crueldad: ellos mismos los condujeron fuera de la prisión y les imploraron que partieran de la ciudad... Los apóstoles no imponían su presencia donde ésta no era deseada. Obedecieron el pedido de los magistrados, pero no apresuraron su partida... Con regocijo fueron de la prisión a la casa de Lidia, donde encontraron a los nuevos conversos a la fe de Cristo y les contaron la forma maravillosa en que Dios los libró. Relataron la experiencia nocturna y la conversión del carcelero y de los prisioneros. Para los apóstoles la obra en Filipos no fue en vano. Encontraron allí mucha oposición y persecución, pero la intervención de la Providencia en su favor, y la conversión del carcelero con toda su casa, compensaba con creces la desgracia y los sufrimientos vividos. Los filipenses vieron representados en la conducta y en la actitud de los apóstoles el verdadero espíritu de la religión de Cristo. La noticia del injusto encarcelamiento y de la liberación milagrosa cundió por toda la región e hizo conocer a los apóstoles y su ministerio a muchos que de otro modo no lo hubieran sabido. El cristianismo fue colocado en un plano elevado y los conversos a la nueva fe fueron grandemente fortalecidos.—The Spirit of Prophecy 3:385, 386.

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El Mensaje de los Tres Ángeles

Apocalipsis 14:6-12
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

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